Se habla de que, para ser más felices como adultos, debemos procurar seguir siendo también un poco niños. Ser niños significa tener la capacidad de asombrarnos de la vida, de perdonar tan fácilmente como ellos lo hacen, y de abrazar ese optimismo que demuestran, entre otras cualidades.
Pero el adolescente es otra cosa. Se sabe que esta etapa está marcada, según la psicología, por un cierto “egoísmo”. En términos generales, aunque siempre hay excepciones, el adolescente está buscando reafirmarse a sí mismo, encontrarse, y definirse. Eso hace que tome unas actitudes defensivas que no siempre son saludables y que muchas veces hacen que se deteriore su relación con el padre, la madre o ambos. Si tienes hijos, sobrinos o nietos adolescentes sabes que una de sus frases típicas es “¡Esto no es justo!” Y no lo encuentran justo porque no es justo para ellos.
Claro, es una etapa que eventualmente todos trascendemos, o quiero decir, casi todos. Porque creo que no soy la única que tiene a su alrededor algunos adultos (o adultas) /adolescentes. Estas son personas quienes, por la razón que sea, no han dejado atrás completamente esa etapa de la adolescencia, y la han seguido arrastrando hacia su adultez. ¿Cuáles son algunas de sus características?
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- Le huye a la responsabilidad: Siempre espera que otros le resuelvan los asuntos que realmente les toca a ellos resolver. Este es un comportamiento típico de adultos a quienes sus padres les resolvían todo cuando eran adolescentes y por lo tanto no tienen las herramientas para tomar el control de sus vidas.
- Deciden desde la emoción: Todos los seres humanos podemos “disparar de la vaqueta” y responder desde la emoción en algún momento, pero los adolescentes no tienen muchas veces la madurez para entender cómo esas respuestas pueden afectar sus decisiones y sus relaciones interpersonales. Al adulto/adolescente se le hace difícil responder desde la racionalidad.
- Necesita validación constante: Nuevamente, a todos nos gusta que nos validen y nos reconozcan por lo que hacemos o logramos. Pero un adulto maduro sabe que la validación externa no siempre va a estar ahí y aprendemos a validarnos nosotros mismos. En el adulto/adolescente esa capacidad de autoconocimiento no está presente, y por lo tanto se frustran al esperar una validación que no llega.
- Tiende a culpar a otros: El adulto/adolescente no reconoce sus errores o la responsabilidad que tiene en sus circunstancias de vida. Por lo tanto, para ellos la culpa o responsabilidad de lo que le ocurra siempre es de otros, y tampoco pide excusas porque no tiende a reconocer sus fallas. Es una característica que lleva a un gran deterioro en sus relaciones interpersonales.
¿Cuál debería ser, entonces, la actitud de un adulto maduro?
- Reconocer que, aunque me cueste y me moleste hacer algo, si es mi responsabilidad, voy a manejarlo, y si es algo difícil, busco ayuda.
- Reconocer sus errores y procurar pedir excusas a aquellos que ha afectado.
- Me detengo antes de responder desde la emoción, respiro y aprendo a pensar antes de hablar o actuar.
Si entiendes que tienes las características de un adulto/adolescente, siempre hay tiempo para buscar ayuda, identificar las lagunas en tu proceso de madurez, y trabajar con ellas. Y si tienes que manejar a este tipo de persona en tu entorno, intenta no dejarte arrastrar por su drama y hacerlos responsables por lo que les toca en vez de resolverles la vida. Hacerlo no siempre es fácil, pero es la única manera de que aprendan a fortalecerse emocionalmente y reconozcan como sus acciones los afectan a ellos y a los que los rodean. Un día a la vez…
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