Lecciones de cuartos vacíos 

Hoy quiero hablarles sobre el duelo. Un reportero del noticiario nacional de CBS, Steve Hartman, conocido por sus noticias positivas, decidió un día que estaba harto de tratar de ofrecer un mensaje inspiracional cada vez que ocurría un tiroteo en una escuela en EU. Eran demasiados los incidentes, y demasiados los niños y también adultos, asesinados en estas masacres. 

Y decidió hacer algo diferente… algo que enfocara la atención en las víctimas, no en los asesinos. Algo que ayudara a que estos niños y adolescentes muertos no fuesen olvidados. Y así, junto al fotógrafo Lou Bopp, se dedicó a contactar a padres y madres, a través de todos los EU, que hubiesen sufrido la pérdida de un hijo o hija en uno de estos tiroteos en escuelas. Y les solicitó permiso para visitarlos, entrevistarlos, y fotografiar las habitaciones de sus hijos. En el documental reseñaron a cuatro familias. Pero se visitaron y fotografiaron muchas más. La producción ganó este año el Oscar al mejor documental corto. 

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Las habitaciones que visitaron y fotografiaron estaban intactas, como si los niños hubiesen salido esa mañana para la escuela. Aunque cada caso y cada familia era diferente, había un elemento en común: las emociones que les generaba el olor de sus hijos. El olor de esa frisita, o almohada o peluche con el cual dormían permanecía a pesar de los años. Como tanatóloga, no es la primera vez que escucho de personas que guardan una camisa o prenda de vestir de un ser querido para poder sentir su olor cuando ya han partido. Yo lo hice con una almohadita que tenía papi y con la cual dormía siempre. Olerla era sentirlo cerca todavía. 

El duelo es algo sumamente personal. Conozco personas a quienes no les toma mucho tiempo deshacerse de las pertenencias de ese ser que partió, no porque no les importe o no lo quieran recordar, sino porque el tener sus objetos presentes les causa más dolor. Hay otras a quienes les puede tomar meses y hasta años poder entrar a ese “cuarto” o a ese “closet” y más aún botar o regalar lo que encuentran allí. Hay quienes prefieren pasar por el proceso solos porque lo consideran un paso de avance en su duelo. Pero hay también quienes van a necesitar apoyo de otros en ese difícil camino de soltar, dejar ir, y llorar su pérdida. 

No hay una regla para el duelo, ni un orden exacto para los sentimientos que afloran. Se han definido las cinco etapas del duelo como la negación, el coraje, la negociación, el dolor o tristeza y la aceptación o resolución. Pero eso no quiere decir que haya que seguir ese orden ni tampoco que no se pueda dar dos pasos para adelante y cinco para atrás. Creo que lo importante en cada caso es, si eres la persona atravesando por un duelo, aprender a reconocer tus emociones y determinar si las estás manejando saludablemente. Llorar es normal, sentir coraje es normal…no entender lo que está pasando ni porque te está pasando a ti, también es normal.  

Y si eres una persona cercana al que está atravesando un duelo, tu gran reto será soltar tus expectativas y dejarlo ser. Nada está bien o está mal. Será un ejercicio en desapego el aprender a apoyar a esa persona en lo que necesite, aunque a veces no estés de acuerdo con sus decisiones.  

Estoy segura de que Steve Hartman está claro en que este documental no va a acabar con los tiroteos en escuelas en EU. La salud mental allá afuera está demasiado comprometida. Pero su esperanza, al igual que la mía, es que le demos a las víctimas el lugar que se merecen en nuestra memoria colectiva. Y que respetemos el duelo de todos aquellos, en cualquier parte del mundo, que hoy se enfrentan a cuartos vacíos. Que así sea. 

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