La cardiomiopatía hipertrófica obstructiva (CMHO) suele camuflarse tras el cansancio cotidiano, el envejecimiento o la falta de condición física. Sin embargo, esta afección hereditaria del músculo cardíaco no solo reduce la capacidad de bombeo del corazón, sino que representa una de las causas principales de muerte súbita en atletas y jóvenes aparentemente sanos.
A propósito del Día Mundial del Corazón y como parte de la serie educativa Escucha a tu corazón, el cardiólogo invasivo Dr. Rigoberto Ramos profundizó en las características de esta afección, cuya prevalencia estimada oscila entre 1 en cada 500 y 1 en cada 250 personas mediante pesquisas clínicas agresivas.
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¿Qué ocurre en el corazón con CMHO?
A diferencia de los agrandamientos cardíacos secundarios a hipertensión arterial descontrolada o daños valvulares, la CMHO es una patología primaria del miocito (la célula del músculo cardíaco). En esta condición, las paredes del ventrículo —en especial el tabique o septo interventricular— se engrosan de manera anómala, estrechando el tracto por donde la sangre oxigenada fluye hacia la arteria aorta.
«Hipertrófico significa que se pone más ancho el músculo En el concepto de obstructivo es que se va obstruyendo este músculo, se pone cada vez más ancho y obstruye la salida de la sangre a través de la aorta, entonces no le llega tanta sangre al cuerpo y en la medida en que va avanzando la enfermedad es que van apareciendo los síntomas», explicó Ramos.
Esa reducción del flujo sanguíneo explica por qué muchos jóvenes sin diagnóstico colapsan repentinamente durante prácticas deportivas de alta intensidad, como el baloncesto o el fútbol, al dispararse arritmias ventriculares graves ante el sobreesfuerzo.
Señales de alerta y diagnóstico certero
El cuadro clínico se manifiesta a través de síntomas progresivos: fatiga con actividades habituales, mareos, visión borrosa, falta de aire al subir escaleras y síncope (desmayos o pérdidas de conocimiento). La enfermedad se transmite de forma autosómica dominante y no discrimina por sexo: afecta por igual a hombres y mujeres, y puede detectarse tanto en la juventud como en la mediana edad o en la vejez (entre los 60 y 80 años).
Para confirmar la sospecha clínica, el Dr. Ramos subrayó que el estudio de elección es el ecocardiograma (ultrasonido del corazón). Esta herramienta permite medir el grosor exacto de las paredes, valorar el movimiento de la válvula mitral y cuantificar el gradiente obstructivo hacia la aorta, superando las limitaciones diagnósticas del electrocardiograma de superficie.
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El manejo médico de la CMHO ha cambiado drásticamente. En décadas anteriores, las alternativas se limitaban a cirugías abiertas de resección muscular (miectomía) o a la inducción controlada de infartos mediante cateterismo para adelgazar la zona basal del tabique por cicatrización. Hoy día, el arsenal terapéutico cuenta con inhibidores de la miosina cardíaca, fármacos que actúan sobre el mecanismo molecular responsable de la contracción excesiva y reducen el grosor de las fibras musculares.
Como parte del manejo integral, se recomienda regular la actividad física; evitar maniobras de Valsalva (como el levantamiento excesivo de pesas o ejercicios de abdomen forzados), prescindir del buceo recreativo por los cambios de presión y controlar comorbilidades como la hipertensión, el colesterol y la diabetes.
Para el Dr. Ramos, la intervención más determinante para prevenir desenlaces fatales reside en el rastreo dentro del círculo consanguíneo. Todo diagnóstico confirmado debe convertirse en una alerta preventiva inmediata para el resto de la familia.
«Lo más importante es identificar a los pacientes que tienen la condición y que aquellos a quienes ya se les ha hecho el diagnóstico busquen que sus familiares sean evaluados con ecocardiografía no importa la edad, de por lo menos la primera y segunda generación: hijos, hermanos y primos. Esta condición no es adquirida, sino que es heredada» , concluyó el especialista.

