El camino al trasplante en Puerto Rico

El Centro de Trasplantes del Auxilio Mutuo destaca la necesidad de cuidadores primarios y apoyo multidisciplinario para pacientes renales y hepáticos

Llegar a la lista de espera para un trasplante de órganos y superar la recuperación exige mucho más que una intervención quirúrgica exitosa: requiere un andamiaje clínico riguroso y una red de apoyo humano indispensable. Así lo enfatizó Julia Rivera, coordinadora de trasplantes del Hospital Auxilio Mutuo, durante una jornada educativa celebrada en el Salud Fest en Plaza del Sol, Bayamón.

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En Puerto Rico se realizan entre 80 y 100 trasplantes de riñón cada año, sumando una trayectoria institucional que sobrepasa los 3,000 procedimientos renales y más de 500 intervenciones hepáticas, tanto en pacientes adultos como pediátricos. Además de riñón e hígado, el centro maneja trasplantes simultáneos de riñón-páncreas y programas de donante vivo.

Sin embargo, el proceso para ser considerado candidato comienza mucho antes de que el paciente llegue a un quirófano. Especialistas del centro visitan unidades de diálisis alrededor de la isla y mantienen comunicación directa con nefrólogos y médicos privados para identificar prospectos de manera temprana.

Una vez iniciada la fase diagnóstica, la evaluación recae sobre un equipo multidisciplinario que incluye nefrólogos, hepatólogos, cardiólogos, infectólogos, psiquiatras, cirujanos, trabajadores sociales y asesores de finanzas.

«Cada uno de ellos evalúa a nuestro paciente y van de la mano de un coordinador que va complementando esa evaluación para que pueda llegar a esta lista de espera», explicó Rivera.

Más allá del cuadro clínico y de las gestiones ante planes médicos —que cubren la mayor parte de las evaluaciones e intervenciones intra y postoperatorias—, el obstáculo principal suele surgir en el entorno social del paciente. La institución exige la designación de al menos dos cuidadores primarios y la creación de un fondo económico de reserva para medicamentos y gastos imprevisto.

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«Necesitamos que el paciente tenga mínimo dos cuidadores primarios para que puedan encargarse una vez se trasplante. Al principio sí va a necesitar una familia unida que lo lleve, transportación segura y un hogar seguro», subrayó la coordinadora.

Tras la cirugía en el sexto piso del hospital y su paso por la Unidad de Cuidado Intensivo de Trasplante (TICU), la responsabilidad se traslada al paciente y a sus cuidadores, quienes deben asumir un estricto régimen de pruebas de laboratorio, modificaciones en la ingesta de líquidos y alimentación, y la eliminación del consumo de alcohol para garantizar la vida del órgano recibido.

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