El evento resaltó el apoyo empático a las familias donantes, desde la solemne caminata de honor hasta el legado de esperanza que trasciende la pérdida
En medio de la pérdida súbita, la decisión de donar órganos y tejidos representa un puente entre el dolor de una despedida y la continuidad de la vida. Como parte de la iniciativa comunitaria SaludFest —que tras recorrer Guayama y Ponce concluyó en Plaza del Sol, Bayamón—, la organización LifeLink de Puerto Rico y la plataforma de salud BeHealth destacaron el acompañamiento integral que reciben las familias durante todo el proceso de donación.
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La intervención del coordinador de familia no comienza como una gestión burocrática, sino como una presencia empática dentro de la institución hospitalaria, activada una vez el equipo médico identifica la gravedad del cuadro clínico y se confirma el diagnóstico de muerte encefálica.
«Nuestra función principal es acompañar a esta familia desde el primer día y para siempre. Es un proceso de escucha, orientación y contención con mucha empatía, procurando que se sientan acompañados en el momento más difícil de sus vidas«, sostuvo Sony Berríos, coordinadora de familia de LifeLink de Puerto Rico.
Uno de los mayores desafíos para el personal especializado ocurre al momento de comunicar la opción de donación sin precipitar los tiempos del duelo. Según explicó Berríos, cada núcleo familiar experimenta una asimilación distinta frente a la pérdida repentina de un ser querido.
«Cada familia y cada ser humano es un mundo aparte. El reto principal es ayudarlos a procesar lo que está ocurriendo, que comprendan el diagnóstico y que, dentro de tanto dolor e información en tan poco tiempo, cuenten con el espacio para tomar la mejor decisión«, precisó.
Para brindar un cierre digno y validar la generosidad de la familia, LifeLink coordina protocolos de homenaje previos a la intervención en quirófano. Entre ellos destaca la caminata de honor, un acto solemne donde médicos, enfermeros y personal hospitalario forman una valla de respeto a lo largo del pasillo para escoltar al paciente donante.
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Asimismo, la organización facilita recursos de recuerdo tangible, tales como dispositivos de audio en peluches que preservan la grabación de los latidos del corazón del donante antes del procedimiento.
El vínculo institucional trasciende el egreso hospitalario. De acuerdo con Berríos, el equipo mantiene seguimiento a largo plazo y gestiona la correspondencia anónima entre las familias donantes y los receptores de órganos, facilitando eventuales encuentros presenciales cuando ambas partes así lo consienten.
«Ese es el legado que continúa. Saber que ese ser querido vive en otra persona y que su corazón sigue latiendo brinda un consuelo genuino; en medio de la oscuridad representa un rayo de esperanza, concluyó Berríos.

