Ni blanco ni negro, el poder del balance

Como en las novelas mexicanas…

Un amigo que quise mucho repetía a cada rato una frase que jamás olvidaré: “Ser bueno o malo es fácil. Lo más difícil es ser justo”. Analizando lo que verdaderamente quiere decir ser “justo”, tengo que admitir que para mí la verdadera justicia es el resultado de poder ver todos los aspectos de una situación. Entender que la vida no es o blanca o negra, sino que más bien se compone de blanco y decenas de matices grisáceos que finalmente van a llegar a negro. Para ser justos, entonces, necesitamos reconocer el “balance” en vez de estar siempre yéndonos a los extremos. En el budismo se le llama a eso “caminar por el camino del medio”.

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En mis charlas y talleres, cuando hablo de este tema, siempre digo que en el único lugar en que las personas son o completamente buenas o malas es en las novelas mexicanas. En las turcas, por ejemplo, los personajes tienden a tener matices. Como me dijo una amiga el otro día: “Un día amas al personaje, y al otro día lo odias”. Es obvio que hay personas que escogen manifestar lo peor de sí mismas y eso es lo que conocemos de ellos. Pero mi teoría es que siempre hay algo bueno en todos los seres humanos, una luz que posiblemente sea difícil ver, para ellos o para nosotros, a través del cristal empañado que la rodea.

El vivir en el mundo de los extremos, el percibirlo todo como blanco o negro, no solo nos roba paz, sino que puede lacerar nuestra autoestima y afectar negativamente nuestras relaciones interpersonales. Cuando una persona extremista comete un error, por ejemplo, puede pensar que no hace nada bien, que no sirve, o que de qué vale intentarlo de nuevo. El que vive en balance reconoce que es normal cometer errores, y que de ellos se aprende. Es más justo con él o con ella misma.

En el caso de las relaciones, una diferencia de opinión o discusión puede ser interpretada como el principio del final para una persona que vive en blanco o negro. Pensamientos como “esta relación no va a funcionar” o “no piensa como yo y por lo tanto no me respeta” son actitudes extremistas que imposibilitan el construir relaciones saludables. Es natural que tengamos diferencias con nuestros seres queridos, que discutamos o inclusive que en ocasiones nos distanciemos. Pero las relaciones se crecen cuando tenemos expectativas reales acerca de aquellos que amamos, en vez de condenarlos o colocarlos en un pedestal para siempre.

Yo no conozco ninguna persona de extremos que sea feliz. El pensamiento de “negro o blanco” nos lleva a altas y bajas emocionales; a tener expectativas irreales en nuestras relaciones; a no aceptar críticas constructivas al interpretarlas como ataques; y a generarnos más ansiedad de lo normal ante los cambios y las situaciones difíciles.

¿Cómo podemos entonces comenzar a ejercitar más balance en nuestras vidas?

  • Evita palabras extremas en tu vocabulario: “Yo odio o amo esto”; “Me encanta o no soporto aquello”; “Yo nunca… o yo siempre”.
  • Trata de encontrar una tercera opción en medio de los dos extremos: “Cometí un error, pero generalmente soy muy bueno haciendo eso”.
  • Ante la tendencia a juzgar una situación o persona, pregúntate: “¿Qué puede estar sucediendo aquí que no estoy viendo?”. Generalmente vas a encontrar algo.

Te invito a que te regales más balance en tu vida, y a que la próxima vez que te encuentres viendo una novela o una serie, te preguntes si ese personaje en realidad es totalmente bueno o malo, y te rías del asunto…

Lee más: El arte de mirar hacia adentro

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