Todos conocemos personas que viven haciéndose las víctimas. Estos son los que culpan al mundo, a Dios, a su ex, a sus padres, o a su familia en general de sus males. Ellos entienden que son como son por las acciones de otros. Y es posible que todos y todas hayamos tenido algún momento de victimización en la vida. Pero la mayoría lo superamos buscando ayuda y entrando en procesos de introspección que nos permiten a ver la vida desde una perspectiva menos simplista. Y en el proceso, recuperamos nuestro poder porque escogimos quitárselo a “culpables” externos.
Ojalá todo el mundo entendiera lo que es la verdadera “introspección” o esa capacidad de mirar hacia adentro para reconocer nuestros pensamientos, emociones, aquello que nos motiva, lo que nos da coraje, y lo que nos saca de nuestro centro. Todos estos son elementos que construyen quiénes somos y cómo reaccionamos. Esa capacidad de poder autoevaluarnos nos hace no sólo vivir más en paz al reconocer de qué pata cojeamos, sino que nos ayuda a crear relaciones interpersonales más saludables, a ser más exitosos, agradecidos y felices.
Aquellos que no se conocen, por el contrario, siempre van a vivir a la defensiva y sintiéndose víctimas de sus circunstancias. Pues para aquellos que quieran comenzar a transformar este patrón, hoy quisiera hablarles sobre una técnica de introspección que un amigo compartió conmigo hace unos días, y la cual desconocía. Se llama “naikan”, que en japonés quiere decir precisamente “mirar hacia adentro”. Y en realidad no es nada nuevo porque fue desarrollada por el monje budista japonés Ishiro Yoshimoto en la década de los cuarenta.
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El propósito de la técnica es llevarnos a reflexionar sobre la vida que hemos estado viviendo hasta ahora, y qué quisiéramos cambiar para hacer de los años que nos queden unos más saludables y felices. El primer paso sería escoger a alguien relevante en nuestra vida, o tal vez un grupo de personas, una organización o hasta el país y el planeta, hacia el cual dirigir la intención de esta práctica.
El segundo paso consiste en hacernos estas tres preguntas:
- ¿Qué he recibido de esta persona? (o grupo de personas)
- ¿Qué le he dado yo a esta persona? (o grupo de personas)
- ¿Qué problema o dificultades le he causado a esta persona?
Y no es solo hacernos las preguntas y contestarlas desde la mente, de forma racional, sino bajar al corazón. La primera pregunta nos obliga a ver lo positivo que tienen otras personas, aún aquellas con quienes tenemos problemas. Y nos ayuda también a reconocer las bendiciones que hemos recibido de otros que muchas veces olvidamos.
La segunda pregunta nos invita a reconocer desde la honestidad, nuestra verdadera capacidad para ser generosos, y si lo que hemos dado es lo que la persona realmente ha necesitado o lo que yo he creído que necesita. Porque hay una diferencia.
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La tercera pregunta nos recuerda que en toda relación hay dos historias, y a veces más. El mirarnos por dentro incluye admitir cuando hemos sido obstáculos en la vida de otros seres. En ocasiones ni siquiera nos percatamos de que lo fuimos. Reconocerlo puede ser doloroso, pero también puede abrir la puerta a un nuevo estado de consciencia.
Hoy los invito a practicar el “naikan” en sus vidas, a cuestionarse y escudriñarse por dentro; a no tener miedo a las respuestas, y aceptarlas como instrumentos de crecimiento. Que cuando nos llegue el final, podamos honestamente decir “me miré por dentro en honestidad e hice lo mejor que pude”.

