Los buenos tenemos que aprender sobre la inteligencia artificial

Hace poco, durante una presentación sobre inteligencia artificial en la educación, alguien del público me hizo una pregunta que me sorprendió. No recuerdo las palabras exactas, pero era algo así como: “¿De dónde viene tu motivación con la inteligencia artificial?”.

Quizás me tomó por sorpresa porque la pregunta no era técnica, sino personal. En este momento en que tantos expresan preocupación y desconfianza con el tema, ¿por qué yo me siento motivada y optimista?

Creo que tiene que ver con mi historia como profesora. Llevo más de veinte años enseñando psicología, y en ese camino he visto cómo la tecnología puede ser una herramienta poderosa para conectar con mis estudiantes, crear cosas nuevas y a la vez, disfrutar el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Lee: La psicología del microbiota: ¿Barriga llena, corazón contento?

En lo personal, he vivido la transición al celular, la creación del correo electrónico, la llegada del internet, Google, los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Cada una trajo consigo aspectos positivos y negativos, pero la mayoría de nosotros coincidiríamos en que preferimos tener estos avances a no tenerlos. La inteligencia artificial es una continuación de esas transiciones: más rápida, más transformadora y, sin duda, más compleja.

Con esta transición llegan muchos sentimientos que la psicología puede ayudarnos a navegar. En este escrito, quiero contagiarte de algunos de los aspectos que considero positivos y acompañarte en esta transición. Esto no implica negar las preocupaciones legítimas, implica mirar el avance con balance, experimentando con lo bueno y permaneciendo atentos a lo que puede ser de riesgo.

Las reacciones ante el cambio

Es natural resistirse al cambio. La psicología nos recuerda que el miedo ante lo nuevo es parte de cómo funciona nuestro cerebro. Estamos programados para protegernos de lo desconocido, a ser vigilantes ante la incertidumbre. Por eso, cuando algo cambia, nuestro sistema de alerta se activa.

Para protegernos, imaginamos escenarios negativos o decidimos evitar el tema por completo. Sin embargo, junto a ese miedo existe otra fuerza humana igual de poderosa: la curiosidad.

La curiosidad es también una respuesta normal ante lo nuevo. Es la que nos impulsa a explorar, hacer preguntas y experimentar, aunque no sepamos exactamente qué pasará. Y aunque a veces tiene mala reputación (por aquello que le pasó al gato), también es la que impulsa grandes descubrimientos y avances.

No importa cuál haya sido tu reacción ante la inteligencia artificial: miedo, rechazo o entusiasmo. Todas son naturales. Pero ahora que lo sabes, puedes evitar que esas emociones te estanquen y te impidan prepararte para esta transición. Permíteme contagiarte un poco de positividad para que puedas activar también tu curiosidad.

Entre la cautela y la posibilidad

Acercarse a la inteligencia artificial desde la psicología implica que no tienes que escoger entre el miedo y la curiosidad. Puedes integrar ambas cosas y acercarte con cautela y apertura a la misma vez. Esta aceptación de sentimientos contrarios nos ayuda a no quedarnos paralizados.

¿Por qué es importante no estancarnos ante la IA? Porque necesitamos aprender a usarla para el bien. No se trata de negar los riesgos, sino de aprender a usarla de forma informada, ética y creativa.

Esto es especialmente importante para quienes enseñamos, cuidamos o criamos. Tenemos que reconocer los aspectos positivos y negativos de esta nueva tecnología para poder guiar y decidir los límites y usos que queremos en nuestras vidas. Entenderla y usarla con criterio es una manera de protegernos, educar y acompañar a las próximas generaciones en un mundo donde la tecnología ya no es opcional.

Pequeños experimentos

Una forma sencilla de empezar es experimentar cómo la IA puede servirnos en lo cotidiano. Comencemos por pensar en usos relacionados con el bienestar, la organización y la conexión. 

A continuación, te ofrezco algunas sugerencias:

  • Conexión con seres queridos. Ahora que se acerca la época festiva, podemos consultar con la IA qué cosas sencillas podemos hacer para conectar con quienes amamos.
    Prompt: “Dame ideas de cosas sencillas que no cuesten dinero y que puedan hacer que mi [ser querido] se sienta especial y alegre el día de hoy.”
  • Practicar conversaciones difíciles. Un padre o madre puede pedirle a la IA que simule el tono de un adolescente para ensayar cómo abordar un tema sensible con su hijo.
    Prompt: “Necesito hablar con mi hijo adolescente sobre [tema específico]. ¿Puedes simular cómo respondería un adolescente de [edad] años para que yo pueda practicar cómo abordar esta conversación con respeto y claridad?”
  • Cocinar con lo que hay. Podemos escribir lo que tenemos en la nevera o tomarle una foto y subirla a nuestra herramienta favorita de IA (por ejemplo, ChatGPT, Gemini o Claude) y pedirle ideas realistas para preparar la cena o un desayuno nutritivo.
    Prompt: “Tengo en la nevera: [lista de ingredientes]. ¿Qué recetas sencillas y nutritivas puedo preparar con estos ingredientes? Prefiero algo que tome menos de 30 minutos.”
  • Explorar juntos. Usarla para inventar historias familiares, juegos de palabras o ideas para aprender algo nuevo en grupo.
    Prompt: “Quiero hacer una actividad divertida con mi familia este fin de semana. Ayúdame a crear [una historia inventada / un juego de palabras / una idea para aprender algo nuevo juntos] que nos haga reír y conectar.” o
    “Inventa una historia corta para leer en familia donde cada personaje represente a un miembro de mi casa y el tema sea la gratitud.”

Estos pequeños ejercicios no buscan reemplazar lo humano, sino fortalecer la sensación de autoeficacia. La autoeficacia es esa confianza de que podemos adaptarnos, aprender y crear, incluso ante lo desconocido. La autoeficacia se cultiva experimentando con curiosidad, creatividad y cautela.

Los buenos tenemos que aprender sobre la IA

La inteligencia artificial no es un todo o nada. No necesitamos dominarla por completo para comenzar a usarla con sentido. A veces el primer paso es simplemente probarla con curiosidad y en buena compañía: en el salón, en casa o entre colegas.

Si has estado en alguna de mis charlas, me has escuchado decir: “Los buenos tenemos que aprender sobre la IA.” Aunque es una sobre-simplificación (la vida no se divide entre buenos y malos), me ayuda a llevar el mensaje. No podemos dejar que quienes usan la tecnología sin escrúpulos, sin ética o sin propósito positivo sean los únicos que la dominen. 

Lee también: La psicología puede ser tu vehículo todoterreno

La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, y precisamente por eso, quienes trabajamos por el bienestar, la educación y la salud debemos participar activamente en su uso y desarrollo. No podemos dejar en manos de otros lo que es tan importante para nosotros.

Tenemos que participar de forma activa en esta transición. Experimentar para compartir lo bueno y alertar sobre lo que nos preocupa o puede ponernos en riesgo. Pero esta conversación no puede hacerse desde el miedo o el desconocimiento.

Necesitamos participar de este gran experimento, opinar, sugerir y alertar cuando sea necesario. Y, quizá más importante aún, no olvidar que también podemos disfrutar en el camino.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Comenta

spot_img

Articulos relacionados

Las más Recientes