Wanda Malavé: cuando la alopecia se convierte en un camino de aceptación y amor propio

Desde el primer momento en que notó la ausencia de su cabello, Wanda Malavé entendió que su vida estaba a punto de cambiar. Lo que comenzó como una preocupación estética terminó convirtiéndose en un viaje profundo de aceptación, amor propio y reconexión con su cuerpo.

En diálogo con BeHealth, la empresaria y diseñadora de interiores habló con honestidad sobre cómo la alopecia areata no solo transformó su imagen, sino también su forma de verse, de cuidarse y de priorizar su bienestar emocional, en un proceso que hoy describe como un verdadero renacer.

Del impacto del diagnóstico a la búsqueda de respuestas

Wanda recuerda que, al inicio, muchas personas asociaban su caída de cabello con el estrés, pero ella sentía que había algo más. “La alopecia es una condición donde el sistema inmune colapsa… lo que la gente ve es la caída del cabello, pero no lo que está pasando por dentro”, explicó.

Tras consultar con especialistas, confirmó que tenía alopecia areata, que se manifiesta en parches. “Mi medallón iba a las millas”, dijo, al contar que los primeros tratamientos no fueron suficientes y que el proceso fue más complejo de lo que imaginaba.

Lee: Aprendizajes tras el diagnóstico de la alopecia

Durante un tiempo, ocultó la pérdida de cabello con extensiones, hasta que un momento cotidiano la confrontó con la realidad. “Sentir ese espacio vacío fue bien impactante”, relató. A partir de ahí, comenzó no solo un tratamiento médico, sino un proceso interno de aceptación.

Raparse, mirarse al espejo y empezar de nuevo

Uno de los pasos más fuertes fue decidir afeitarse completamente. “Yo no quería vivir pendiente de si se me veía o no la calva… preferí removerlo completo y hacer un surgir de mí”, contó. Aunque no fue fácil, fue necesario para reencontrarse consigo misma.

Wanda admite que al principio no se reconocía. “No me gustaba lo que veía, me daba vergüenza salir a la calle, la gente pensaba que tenía cáncer”, recordó. Sin embargo, con el tiempo, ese proceso se transformó en educación, amor propio y conciencia de que el cuerpo también habla cuando algo no está bien.

“Muchas veces estamos en trabajos, relaciones o situaciones que nos sobrepasan, y el cuerpo va a colapsar por algún lado. En mi caso fue el cabello”, reflexionó, invitando a escuchar las señales antes de que se manifiesten de forma más fuerte.

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Un mensaje para otras mujeres que viven lo mismo

Hoy, Wanda se define como una mujer más vulnerable, empática y en paz. “Ahora sé que el cabello no me define. Para mí es más importante la vulnerabilidad, el corazón y poder escuchar a otros sin juzgar”, afirmó.

Su meta es convertirse en portavoz de la educación sobre la alopecia y acompañar a quienes atraviesan procesos similares. “Hay muchas mujeres que se levantan antes que su pareja para que no las vean sin cabello. Es un mundo muy oculto del que casi no se habla”, señaló.

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Para quienes viven una condición de salud, su consejo es claro: “No preguntes por qué a mí, sino para qué me ocurrió esto a mí”. También recomienda encontrar formas personales de transitar el proceso con humanidad y, si es posible, con algo de humor y apoyo de personas cercanas.

Su historia, compartida abiertamente, ha ayudado a visibilizar una condición que afecta la autoestima, pero que no define el valor ni la identidad de quien la vive. Hoy, con su cabello volviendo a crecer y una nueva mirada sobre sí misma, Wanda resume su proceso en una palabra: renacer.

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