Un nuevo estudio publicado en la revista científica Addiction encendió las alarmas sobre el impacto de los alimentos ultraprocesados en la salud de los adultos mayores en Estados Unidos, particularmente en las mujeres. La investigación reveló que las personas mayores de 50 años presentan tasas significativamente más altas de adicción a este tipo de productos en comparación con generaciones anteriores, con una prevalencia general de 12,4 % entre los 50 y los 80 años.
El fenómeno es especialmente marcado en las mujeres de 50 a 64 años, donde una de cada cinco (21 %) cumple criterios compatibles con adicción a los alimentos ultraprocesados. Se trata de una generación que atravesó su adolescencia y adultez temprana durante las décadas de 1970 y 1980, periodo en el que estos productos comenzaron a integrarse de manera masiva en la dieta estadounidense.
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Los alimentos ultraprocesados se caracterizan por estar formulados con combinaciones de carbohidratos refinados, grasas, sodio y potenciadores de sabor, diseñados para activar el sistema de recompensa del cerebro. Este mecanismo, conocido como el “punto de felicidad”, favorece el consumo repetido y dificulta el control de la ingesta, generando patrones conductuales similares a los observados en otras adicciones.
La exposición temprana, un factor clave en la adicción alimentaria
Aunque la adicción a los alimentos ultraprocesados no es un diagnóstico oficial, el equipo de investigación utilizó la Yale Food Addiction Scale 2.0, una herramienta validada que emplea los mismos criterios utilizados para diagnosticar trastornos por consumo de sustancias. Esta escala evalúa experiencias como antojos intensos, pérdida de control, consumo continuado pese al daño conocido y evitación de actividades sociales por temor al sobreconsumo.
“Existe cierto debate sobre si realmente necesitamos este nuevo diagnóstico, dado que los trastornos alimentarios ya están reconocidos. Pero el reconocimiento oficial de la adicción a los alimentos ultraprocesados podría abrir nuevas vías de apoyo y conducir a mejores tratamientos destinados a reducir los patrones de alimentación compulsiva”, opinó Ashley N. Gearhardt, Ph. D., directora de la investigación y profesora de Psicología de la University of Michigan, en una columna reciente para Medscape.
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Los autores del estudio señalan que las tasas elevadas observadas en este grupo etario son coherentes con lo que se conoce sobre la exposición temprana a sustancias con potencial adictivo, lo que refuerza la hipótesis de que existen etapas críticas del desarrollo durante las cuales el contacto con este tipo de alimentos puede aumentar la vulnerabilidad a largo plazo.
Un llamado urgente a la educación médica y a las políticas públicas
La investigación también documentó un mayor riesgo de adicción entre quienes perciben su salud física o mental como regular o mala, así como entre las personas que reportan sentirse aisladas socialmente. Estos hallazgos confirman que la problemática no se limita a la nutrición, sino que involucra factores emocionales, sociales y estructurales.
En ese contexto, Gearhardt advirtió que las generaciones actuales de niños, niñas y adolescentes consumen proporciones aún mayores de calorías provenientes de alimentos ultraprocesados que las personas adultas de mediana edad cuando eran jóvenes. “Si las tendencias actuales continúan, las generaciones futuras podrían presentar tasas aún más altas de adicción a los alimentos ultraprocesados en etapas posteriores de la vida”, alertó la investigadora desde Michigan Medicine.
La preocupación ha sido compartida por especialistas en salud pública. En un video difundido en TikTok, el Dr. Mauricio González (Mau), especialista en medicina interna, emergencias y obesidad, embajador del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y colaborador de la American Heart Association (AHA), subrayó que “se necesitan políticas públicas que acerquen más a la población a alimentos saludables y pongan barreras a los ultraprocesados, que van en detrimento de la salud pública”. El médico comentó además estudios recientes que vinculan el consumo elevado de estos productos con un mayor riesgo de neoplasia colorrectal antes de los 50 años.
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