Un nuevo estudio ha evidenciado que la contaminación atmosférica podría estar asociada con un riesgo alto de padecer enfermedades neurodegenerativas graves como lo es la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el año 2019 se estimó que la contaminación del aire en las ciudades y zonas rurales de todo el mundo, donde cada año provoca 4.2 millones de muertes prematuras. De esta manera, la mortalidad se debe a la exposición a materia particulada fina que causa enfermedades cardiovasculares, respiratorias y ciertos tipos de cánceres.
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La esclerosis lateral amiotrófica es una enfermedad del sistema nervioso que afecta las neuronas del cerebro y la médula espinal. Esta es una condición que hace perder el control muscular y empeora con el tiempo.
Sobre el estudio
El estudio realizado por el Instituto Karolinska, Suecia, y su resultados publicados en la revista JAMA Neurology, incluyó un análisis de datos de 1.463 personas en Suecia con algún tipo de enfermedad de las neuronas motoras recientemente diagnosticada.
El historial de los participantes fue comparado con datos de 1.768 pacientes hermanos de los pacientes con más de 7.000 controles emparejados de la población en general.
La OMS dice que la contaminación del aire es uno de los mayores riesgos ambientales que existen para la salud. Mediante la disminución de los niveles de contaminación del aire los países pueden reducir la carga de morbilidad derivada de accidentes cerebrovasculares, cardiopatías, cánceres de pulmón y neumopatías crónicas y agudas.
Los expertos encargados de la investigación estudiaron los niveles de partículas contaminantes en suspensión (PM) de tres tamaños (menores de 2,5 micras, de entre 2,5 y 10 micras y de más de 10) y de dióxido de nitrógeno en los domicilios de las personas que participaron en el estudio hasta diez años antes de su diagnóstico.
Hallazgos
Los hallazgos del estudio identificaron que las concentraciones medias anuales de estos contaminantes superan las directrices de la Organización Mundial de la Salud. Además, los picos máximos registrados eran considerablemente más bajos que los observados en países que tenían problemas mayores con la contaminación atmosférica.
De esta manera, los expertos evidenciaron que la exposición prolongada a la contaminación, incluso a niveles relativamente bajos como los habituales en los hogares de Suecia se asociaban con un riesgo entre el 20 % y 30 % mayor de desarrollar ELA.
A su vez, los participantes que habían habituado zonas con niveles más elevados de contaminación atmosférica experimentaron un deterioro motor y pulmonar más rápido después del diagnóstico a diferencia de quienes habían estado menos expuestos.
Finalmente, se demostró que las personas que habían vivido en un ambiente con una peor calidad del aire, tenían un riesgo más elevado de muerte y tenían mayor probabilidad de necesitar tratamiento con un respirador más invasivo.
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