Asma en otoño en Puerto Rico: humedad, moho y otros factores que pueden provocar crisis

En Puerto Rico, la llegada del otoño no significa temperaturas frías como ocurre en otras regiones, pero sí coincide con meses en los que la humedad, las lluvias, las tormentas y el riesgo de inundaciones pueden favorecer algunos desencadenantes del asma.

El otoño puede tener un significado muy distinto dependiendo del lugar. Mientras en algunas zonas de Estados Unidos la temporada trae temperaturas más bajas y cambios importantes en la vegetación, en Puerto Rico persisten condiciones cálidas y húmedas que pueden influir en la calidad del aire dentro y fuera del hogar.

Para las personas que viven con asma, esto no significa que el cambio de estación provoque la enfermedad. Sin embargo, ciertas condiciones ambientales pueden desencadenar síntomas o favorecer una exacerbación en quienes ya tienen asma.

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Y se trata de una condición relevante para la población local: los datos del Behavioral Risk Factor Surveillance System (BRFSS) de 2023 estimaron que 14.1 % de los adultos en Puerto Rico tenía asma, unas 381,849 personas.

La humedad puede convertirse en un problema

Uno de los factores que merece atención en Puerto Rico es la humedad ambiental y dentro de las viviendas.

El CDC identifica la humedad elevada como uno de los factores que pueden desencadenar ataques de asma. También recomienda mantener la humedad relativa del hogar entre 30 % y 50 % y utilizar aire acondicionado o un deshumidificador cuando sea necesario para mantenerla bajo control.

La razón es que los ambientes húmedos pueden favorecer la aparición de moho, otro de los desencadenantes reconocidos del asma.

El moho puede crecer después de filtraciones, daños por agua o inundaciones. Esto adquiere especial importancia en Puerto Rico durante los meses de mayor actividad de lluvias y tormentas, cuando una vivienda puede permanecer húmeda durante días si no se logra secar adecuadamente.

Según los CDC, las personas con asma pueden ser particularmente sensibles al moho y su exposición puede provocar ataques de asma.

Después de una tormenta, el moho puede convertirse en un riesgo

Las consecuencias de una tormenta no terminan cuando deja de llover.

Una vivienda que sufrió entrada de agua, filtraciones o inundaciones puede convertirse en un ambiente favorable para el crecimiento de moho. De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), el control de la humedad es fundamental para evitar su proliferación y los materiales u objetos mojados deberían secarse dentro de las primeras 24 a 48 horas para reducir el riesgo de crecimiento de moho.

Esto también tiene implicaciones para quienes participan en labores de limpieza.

Los CDC advierten que las personas con asma u otras enfermedades respiratorias pueden ser más sensibles al moho después de un desastre. En determinadas circunstancias, las personas con asma no deberían entrar en edificios con filtraciones de agua o crecimiento visible u olor a moho.

Por eso, después de una inundación o tormenta, limpiar rápidamente no significa simplemente eliminar lo que se ve. También es necesario identificar y solucionar la fuente de humedad.

Infecciones respiratorias: otro desencadenante que no debe pasarse por alto

Los cambios en la actividad de los virus respiratorios también pueden influir en el control del asma.

El CDC reconoce las infecciones asociadas con influenza, resfriados y virus respiratorio sincitial (VRS) entre los desencadenantes de ataques de asma. También identifica las alergias, el polen, algunos productos químicos y fragancias, el humo, la contaminación del aire y ciertas condiciones meteorológicas como posibles factores desencadenantes.

Esto significa que una persona con asma puede notar que sus síntomas empeoran durante una infección respiratoria, incluso si normalmente tiene la enfermedad bajo control.

¿Y qué ocurre con la calidad del aire?

La contaminación también puede afectar a las personas con asma. El CDC señala que la contaminación del aire puede desencadenar ataques y recomienda prestar atención a los pronósticos de calidad del aire.

Lee también: Cambios climáticos y alérgenos agravan el asma, según el Dr. Benjamín Bolaños

En Puerto Rico, la calidad del aire también es objeto de monitoreo ambiental. Por ejemplo, la EPA realizó entre 2023 y 2024 un estudio de material particulado PM2.5 y PM10 en Guayama y Salinas, en el que evaluó partículas suspendidas y condiciones meteorológicas.

Para una persona con asma, conocer la calidad del aire puede ser especialmente útil cuando existen otros factores que ya están aumentando la irritación de las vías respiratorias.

No todas las personas con asma reaccionan igual

Un punto importante es que los desencadenantes no son iguales para todos.

Una persona puede presentar síntomas al exponerse al moho, mientras otra puede reaccionar principalmente al humo, los ácaros del polvo, una infección respiratoria, ciertos olores o la contaminación.

Por eso, el CDC recomienda que las personas con asma conozcan cuáles son sus propios desencadenantes y trabajen para reducir la exposición a ellos.

Entre los síntomas que pueden indicar un empeoramiento se encuentran:

  • Tos frecuente.
  • Silbidos o sibilancias al respirar.
  • Opresión en el pecho.
  • Dificultad para respirar.
  • Mayor necesidad de utilizar el medicamento de alivio rápido.

Si los síntomas empeoran o no responden al tratamiento indicado, es importante buscar atención médica.

¿Qué puede hacer una persona con asma durante estos meses?

En Puerto Rico, algunas medidas prácticas pueden ayudar a reducir la exposición a desencadenantes:

Controlar la humedad en el hogar. El CDC recomienda mantenerla por debajo de 50 %. Un higrómetro puede ayudar a identificar niveles elevados.

Atender rápidamente las filtraciones. Techos, paredes, tuberías y otras áreas afectadas por agua deben repararse y secarse para evitar la aparición de moho.

Evitar exponerse al moho. Las personas con asma pueden ser particularmente sensibles a sus efectos respiratorios.

Prestar atención a la calidad del aire. La contaminación puede desencadenar síntomas y es recomendable revisar las condiciones ambientales cuando existan alertas.

Reducir la exposición al humo. El humo de segunda mano es un desencadenante reconocido del asma.

Mantener el tratamiento indicado. El control del asma no depende únicamente de evitar desencadenantes. Seguir el tratamiento prescrito y contar con un plan de acción elaborado con un profesional de la salud son parte del manejo de la enfermedad.

En Puerto Rico, hablar de asma durante el otoño implica mirar más allá de los cambios de temperatura. La humedad, el moho asociado con daños por agua, las infecciones respiratorias y la calidad del aire pueden tener mayor relevancia para quienes viven con esta enfermedad.

Identificar qué factores desencadenan los síntomas y actuar antes de que estos se intensifiquen puede ayudar a mantener el asma bajo control durante esta época del año.

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