El avance del cambio climático está modificando la distribución de enfermedades transmitidas por mosquitos y una de las que más preocupa a los científicos es el chikungunya, un virus capaz de provocar dolores articulares intensos y prolongados. Un reciente estudio publicado en la revista científica Frontiers in Cellular and Infection Microbiology advierte que esta enfermedad podría extenderse a regiones donde históricamente no ha estado presente, incluyendo partes de Europa, Norteamérica y Asia.
La investigación, liderada por científicos de instituciones de China, señala que el aumento de las temperaturas está favoreciendo la expansión geográfica de los mosquitos que transmiten el virus, lo que podría incrementar el riesgo de brotes en países que actualmente no están preparados para enfrentarlo.
Los mosquitos son la clave de la expansión del virus
El chikungunya se transmite principalmente a través de la picadura de los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus. Mientras el primero se adapta mejor a climas tropicales, el segundo tiene una mayor capacidad para sobrevivir en regiones templadas y frías, lo que amplía considerablemente las posibilidades de expansión de la enfermedad.
Según los investigadores, una mutación registrada durante el brote ocurrido en el océano Índico entre 2005 y 2006 permitió que el virus se adaptara mejor al Aedes albopictus, facilitando su llegada a territorios donde antes no podía establecerse con facilidad.
Un modelo más preciso para entender el riesgo
Para desarrollar el estudio, los científicos recopilaron registros de presencia de ambos mosquitos entre 2015 y 2025, además de datos sobre la circulación del virus entre 2010 y 2022. Posteriormente analizaron variables relacionadas con temperatura, precipitación y altitud mediante una plataforma que combina múltiples algoritmos matemáticos.
Lee: Nueva herramienta para anticipar brotes de dengue en el sur de Colombia
El objetivo fue comprender mejor cómo interactúan los factores ambientales con la presencia de los mosquitos y determinar qué zonas del planeta podrían convertirse en nuevos focos de transmisión durante las próximas décadas.
Los resultados mostraron que la ubicación de los mosquitos explica el 84 % de la distribución global del virus. De ese porcentaje, el Aedes albopictus representa el mayor peso en la propagación, con un 72,47 %, mientras que el Aedes aegypti aporta el 11,92 %.
América del Sur sigue siendo la región más vulnerable
Actualmente, el estudio estima que el 21,26 % de la superficie terrestre presenta condiciones adecuadas para la transmisión del chikungunya.
Lee: Científica colombiana descubre virus “buenos” en mosquito Aedes aegypti
Entre todos los continentes, América del Sur concentra la mayor proporción de áreas en riesgo, alcanzando un 83,41 %. Le siguen África, con 42,67 %, y Oceanía, con 41,77 %.
Aunque Europa registra hoy un riesgo relativamente bajo, los modelos proyectan que esta situación podría cambiar significativamente durante las próximas décadas debido al aumento de las temperaturas y la expansión de los mosquitos transmisores.
Nuevas zonas de riesgo antes de finalizar el siglo
Las proyecciones realizadas por los investigadores muestran una expansión progresiva hacia el norte del planeta. Regiones como el noreste de Estados Unidos, el sureste de Canadá, el centro y norte de Europa y el este de Asia podrían convertirse en áreas favorables para la transmisión del virus antes del año 2100.
Por esta razón, los autores recomiendan que países como Alemania, Reino Unido, Japón y China fortalezcan desde ahora sus sistemas de vigilancia epidemiológica, el monitoreo de mosquitos y la capacitación del personal sanitario.
Lee: Nuevo plan global de la OMS para combatir el dengue
Los científicos también reconocen algunas limitaciones del estudio, entre ellas posibles vacíos en los registros de casos y la imposibilidad de incluir variables como el crecimiento urbano, el aumento poblacional o futuras mutaciones del virus. Sin embargo, advierten que los hallazgos representan una señal de alerta sobre cómo el calentamiento global podría transformar el mapa de las enfermedades infecciosas durante las próximas décadas.

