La doctora Vivian Green advierte que la escasez de agua expone a Puerto Rico a brotes de enfermedades
La crisis de agua potable en Puerto Rico trasciende el malestar cotidiano de los cortes de servicio; representa una amenaza directa a la salud pública del país. Así lo advierte la doctora Vivian Green, decana de la Escuela de Salud Pública de Ponce Health Sciences University (PHSU), quien señala que el problema estructural de acceso al agua, agravado por los periodos de sequía, expone a la población a brotes de enfermedades gastrointestinales y de origen hídrico.
A juicio de la especialista, la vulnerabilidad del archipiélago no responde únicamente a factores climatológicos o a la falta de precipitaciones, sino a un agotamiento severo de las fuentes naturales de abastecimiento.
«La carencia de agua no está ocasionada únicamente por la sequía. Puerto Rico ya casi no tiene acuíferos, por lo que no hay forma de cubrir adecuadamente las necesidades de nuestra población», sostuvo Green.
La fragilidad en el acceso al agua potable se acentúa por la división en la infraestructura del país. Mientras una parte de la población depende de la red de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), múltiples comunidades rurales operan bajo sistemas independientes conocidos como «No PRASA», donde los propios residentes gestionan sus abastos sin posibilidad real de conectarse a la red centralizada.
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Esta falta de acceso continuo lleva a la ciudadanía a recurrir a fuentes informales o no certificadas para abastecerse, lo que genera serios dilemas de control sanitario para las autoridades de salud.
«En la autopista de Ponce a San Juan, en el área de Cayey, hay un tramo donde la gente se detiene a coger agua de una quebrada. El Departamento de Salud ha cerrado ese acceso en varias ocasiones, pero la gente, al no recibir agua en sus hogares, vuelve a abrirlo para abastecerse», explicó.
Riesgos sanitarios y propagación de enfermedades
La interrupción constante del suministro de agua obliga al almacenamiento casero y dificulta el lavado adecuado de manos y alimentos. Si el agua guardada o consumida no se somete a ebullición o desinfección adecuada, aumenta drásticamente el riesgo de infecciones gastrointestinales por bacterias, virus y parásitos.
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Asimismo, mantener envases de agua descubiertos o mal sellados genera criaderos ideales para el mosquito Aedes aegypti, elevando la transmisión de virus como el dengue. Esta escasez también impulsa el uso desesperado de quebradas o fuentes no tratadas, exponiendo a la población a bacterias peligrosas como la Leptospira.
Ante este panorama, Green enfatiza que la respuesta ante la sequía y la escasez debe incluir campañas continuas de educación comunitaria sobre el manejo seguro, la ebullición y el almacenamiento del agua para evitar brotes epidémicos que saturen aún más el sistema de salud del país.

