Un nuevo estudio sugiere que la desorientación espacial (dificultad para ubicarse en lugares conocidos o regresar a un punto de partida) podría ser uno de los primeros indicios del alzhéimer, incluso antes de que aparezca la pérdida de memoria.
El estudio realizado por Thomas Wolbers y Vladislava Segen, especialistas en neurociencia cognitiva, analizó a adultos de entre 55 y 89 años para explorar estas señales tempranas. Los participantes se dividieron en dos grupos: por un lado, personas que sentían que su memoria o capacidad de concentración ya no funcionaban igual que antes, aunque sus exámenes médicos no mostraran problemas; y por otro, un grupo de control integrado por voluntarios sin quejas cognitivas.
Para poner a prueba sus capacidades, los investigadores diseñaron un experimento con realidad virtual. En él, los participantes debían seguir el recorrido de una esfera flotante y, al final, señalar el punto exacto en el que habían comenzado. A primera vista, se trataba de una tarea sencilla, pero los resultados fueron reveladores.
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¿Cuáles fueron los hallazgos?
Mientras que ambos grupos pasaron sin dificultad las pruebas tradicionales de memoria, aquellos que habían reportado problemas cognitivos cometieron muchos más errores al intentar regresar a su punto de partida. Según los científicos, esta diferencia se debe a un fenómeno al que denominaron “fuga de memoria”, que consiste en la dificultad del cerebro para registrar con precisión la posición del cuerpo al desplazarse.
Este hallazgo resulta particularmente interesante porque la fuga de memoria podría estar relacionada con un deterioro temprano de la corteza entorrinal, una región del cerebro encargada de procesar la ubicación y la orientación. Esta zona suele ser una de las primeras en dañarse durante el inicio del alzhéimer, lo que explicaría por qué algunas personas empiezan a perderse con más frecuencia antes de presentar olvidos notorios.
Para los expertos, este descubrimiento abre una puerta importante: la posibilidad de detectar el alzhéimer en etapas muy tempranas, cuando todavía no han aparecido los síntomas más comunes como la pérdida de memoria, la confusión o las dificultades para comunicarse. Anticiparse a la enfermedad permitiría iniciar tratamientos y cuidados de manera oportuna, lo que podría tener un impacto positivo en la calidad de vida de los pacientes y en la de sus familias.
No obstante, los investigadores también advierten que todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas. El estudio se realizó con un grupo reducido de participantes y, como toda investigación inicial, necesita ser replicada con poblaciones más amplias y diversas para confirmar sus resultados. Además, trasladar este tipo de pruebas con realidad virtual a la práctica médica cotidiana todavía representa un reto, ya que requiere infraestructura y entrenamiento especializado.
A pesar de estas limitaciones, el trabajo de Wolbers y Segen marca un camino prometedor. La idea de evaluar no solo la memoria, sino también la forma en que las personas se orientan y se desenvuelven en el espacio, podría convertirse en una herramienta clave para detectar el alzhéimer de manera precoz. Esto abre la posibilidad de un enfoque más amplio en el diagnóstico, que vaya más allá de las pruebas tradicionales y considere aspectos cotidianos que, hasta ahora, podían pasar desapercibidos.
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