Diagnósticos erróneos: conoce los más comunes en niños

Obtener un diagnóstico preciso es clave para tratar adecuadamente los síntomas de cualquier condición y ofrecer una mejor calidad de vida a los pacientes, especialmente en la infancia. Muchos trastornos comparten síntomas similares, lo que puede llevar a confusiones y diagnósticos erróneos si no se realizan las evaluaciones necesarias.

En esta nota abordamos algunos de los errores de diagnóstico más frecuentes en la población infantil:

1. TDAH: ¿siempre es falta de atención?

La falta de atención suele ser una de las primeras señales de alerta, especialmente para los docentes, que notan que el niño se distrae con facilidad y tiene dificultades para cumplir con sus tareas. Aunque la atención limitada es común en niños pequeños, en algunos casos puede ser un indicio de TDAH, especialmente si se acompaña de impulsividad e hiperactividad.

Sin embargo, no toda distracción se debe a este trastorno. Algunos niños pueden estar preocupados por situaciones familiares (como la enfermedad de un ser querido) o sufrir acoso escolar. Además, otras condiciones como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) pueden interferir con la concentración debido a la presencia constante de pensamientos y rituales obsesivos.

Los niños con TOC a menudo ocultan sus síntomas en el entorno escolar, lo que lleva a que los docentes interpreten su distracción como falta de atención, cuando en realidad están lidiando con pensamientos angustiantes que interfieren con su desempeño. Un caso común dentro de estos diagnósticos erróneos.

2. Trastorno de estrés postraumático (TEPT): cuando la mente se queda en el trauma

El TEPT también puede confundirse con TDAH, ya que comparte síntomas como dificultades para concentrarse, hipervigilancia y reacciones exageradas.

Un niño que ha vivido una experiencia traumática puede parecer distraído, pero en realidad está reviviendo una situación dolorosa que le impide enfocarse.

Lee acá: Explorando el TDAH: Consejos y estrategias de una terapeuta ocupacional

3. Dificultades de aprendizaje: dislexia no diagnosticada

Errores en la lectura o escritura pueden ser malinterpretados como falta de interés o inatención, cuando en realidad el niño puede estar lidiando con dislexia u otro trastorno del aprendizaje.

Esto genera frustración, vergüenza y un sentimiento de fracaso que disminuye su motivación y atención. Según expertos, casi el 50% de los niños con dificultades de aprendizaje también presentan problemas de concentración.

4. Pensamientos repetitivos y angustia: ¿TEPT o TOC?

Tanto el TOC como el TEPT pueden generar pensamientos intrusivos que invaden la mente del niño.

La diferencia principal es que, en el TEPT, los pensamientos provienen de recuerdos reales, mientras que en el TOC son obsesiones sin una base real. En ambos casos, los síntomas pueden confundirse fácilmente si no se realiza una evaluación clínica detallada.

5. Trastornos del lenguaje: ¿autismo o mutismo selectivo?

La ausencia de habla o la comunicación restringida suele asociarse rápidamente con el trastorno del espectro autista (TEA). Sin embargo, también puede tratarse de mutismo selectivo, un trastorno de ansiedad en el que los niños hablan con normalidad en ciertos entornos (como en casa) pero no en otros (como la escuela). A diferencia del TEA, estos niños suelen ser sociables y conscientes de su entorno, pero se paralizan ante determinadas situaciones sociales.

6. Tristeza y fatiga persistente: ¿depresión o hipotiroidismo?

Cuando un niño muestra desinterés por sus actividades, fatiga y dificultad para concentrarse, se suele pensar en depresión. Sin embargo, estas señales también pueden ser consecuencia de un problema médico como el hipotiroidismo, una condición en la que la glándula tiroides no produce suficientes hormonas.

Esta condición puede afectar el estado de ánimo, el peso, la energía y las funciones cognitivas, y suele tratarse eficazmente con terapia de reemplazo hormonal.

Conclusión

Los diagnósticos erróneos pueden retrasar el tratamiento adecuado y afectar el bienestar emocional, social y físico del niño. Por eso, es fundamental que médicos, padres y docentes trabajen en conjunto, se realicen las evaluaciones necesarias y se consulte a especialistas en salud mental y del desarrollo infantil.

Solo así se puede garantizar una intervención temprana y efectiva que permita a los niños desarrollarse plenamente.

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