La esperanza como estrategia en tiempos de inteligencia artificial

«Lo más sorprendente que he aprendido es que la adopción de inteligencia artificial es 10 % tecnología y 90 % psicología humana.» (Traducción propia)

Esta es una cita directa de Yannick Fouagou, un profesional con más de dos décadas integrando tecnología en organizaciones. No es un dato científico, es una observación de alguien que trabaja todos los días en la intersección entre tecnología y personas. Aunque no es un dato, mi experiencia como psicóloga me hace pensar que esta percepción es cierta.

Si tomamos en consideración la importancia de la psicología en la adopción de tecnología, entonces la conversación más importante sobre inteligencia artificial no es sobre mejores modelos o plataformas. Es sobre lo que sentimos al respecto.

¿Alguna vez te has preguntado qué emoción domina las conversaciones sobre inteligencia artificial a tu alrededor? En mi experiencia muchas veces la respuesta es miedo. Miedo a que nos reemplace, a no entender, a quedarnos atrás. Pero también miedos más profundos como miedo a volvernos dependientes de una máquina, a que nos haga menos inteligentes, a que nuestros hijos no aprendan a pensar por sí mismos, a que algo salga mal. Son miedos legítimos, pero no necesariamente nos presentan el panorama completo de la IA. Aún más importante, cuando estos miedos predominan podemos tener consecuencias cognitivas.

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Barbara Fredrickson, investigadora en psicología positiva, desarrolló la teoría de “broaden-and-build”. Fredrickson propone que las emociones negativas (como el miedo) limitan nuestro repertorio de pensamientos y acciones. Cuando sentimos miedo nos enfocamos en sobrevivir, vemos menos opciones y reaccionamos en lugar de crear. Las emociones positivas hacen lo contrario, amplían nuestra atención, nos hacen más creativos/as, más flexibles y abiertos/as a experiencias nuevas.

Un artículo reciente en la revista Systems describe un fenómeno relevante para esta discusión. Este fenómeno se llama ansiedad anticipatoria y se refiere a la incomodidad que sentimos por algo que podría pasar en lugar de por algo que ya nos pasó. En el contexto de inteligencia artificial, esta ansiedad se puede activar cuando las personas tienen poca o ninguna experiencia directa con las herramientas. Es decir, el miedo muchas veces llega antes que la experiencia. Y si Fredrickson tiene razón, ese miedo está limitando el pensamiento antes de que la persona haya intentado explorar.

Conectemos los puntos. Si el miedo limita lo que podemos ver y hacer con una herramienta, entonces el discurso de miedo sobre inteligencia artificial no solo se siente mal, sino que funciona mal. Literalmente este miedo o ansiedad anticipatoria reduce nuestra capacidad de explorar lo que la tecnología puede ofrecer.

La buena noticia es que hay una emoción que puede cambiar este ciclo. La esperanza.

Charles R. Snyder, un psicólogo conocido por su trabajo en psicología positiva, propuso que la esperanza no es simplemente un sentimiento agradable. Es un proceso cognitivo con tres componentes: metas (saber hacia dónde quiero ir), caminos (poder imaginar rutas para llegar) y agencia (creer que puedo hacer que algo suceda). Las personas con alta esperanza ven los obstáculos como retos y generan planes para navegarlos.

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Lo más interesante es cómo esto se conecta con la adopción de nuevas tecnologías. Un hallazgo interesante recogido por la revista Technological Forecasting and Social Change muestra que cuando las personas sienten esperanza y ansiedad al mismo tiempo frente a algo nuevo, la esperanza les ayuda a enmarcar la situación positivamente. Ambas emociones miran hacia el futuro y ambas se enfocan en metas. La diferencia es que la esperanza transforma la ansiedad en elaboración productiva. Es decir, las personas empiezan a imaginar cómo la innovación puede ayudarles a lograr algo que les importa.

¿Será entonces la esperanza lo que necesitamos frente a la inteligencia artificial? No negar que hay riesgo. No pretender que todo va a ser perfecto. Pero sí crear las condiciones emocionales para que las personas puedan explorar, imaginar caminos y sentir que tienen agencia frente al cambio.

En contextos educativos, la esperanza predice resiliencia estudiantil, especialmente ante la incertidumbre. Un estudio con casi 6,000 estudiantes durante los primeros confinamientos por COVID encontró que la esperanza tenía una influencia importante en la salud mental. Si la esperanza fue protectora durante una pandemia, imaginemos lo que puede hacer en una transición tecnológica que además trae posibilidades enormes.

Quienes trabajamos con personas (ya sea enseñando, atendiendo pacientes, supervisando equipos o acompañando procesos de cambio) tenemos una responsabilidad particular. No somos solamente transmisores/as de información o de servicios. Somos modelos del tono emocional con el que las personas a nuestro alrededor se relacionan con el futuro. Si nuestro mensaje sobre inteligencia artificial es exclusivamente de precaución, estamos (sin querer) limitando su pensamiento. Si incorporamos esperanza con fundamento, les estamos dando una herramienta cognitiva para navegar el cambio con más creatividad y más resiliencia.

¿Cómo se hace esto en la práctica?

Primero, cuida lo que consumes. Así como en las noticias tendemos a enfocarnos en lo negativo, en el espacio de inteligencia artificial también es fácil saturarse de riesgos y perder de vista los desarrollos positivos. Asegúrate de incluir en tus fuentes (podcasts, artículos, comunidades) voces que también hablen de lo que está funcionando bien.

Segundo, haz el ejercicio personal. ¿Qué facilitaría tu vida si tuvieras acceso a una herramienta más inteligente? ¿Qué problemas resolverías? ¿Qué tiempo recuperarías? Escribir esas respuestas no es soñar en vano. Es construir caminos (en el lenguaje de Snyder) y activar agencia.

Tercero, recuerda un momento en tu vida donde alguien te ayudó a ver posibilidades en lugar de limitaciones. ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo puedes hacer tú lo mismo con las personas a tu alrededor?

La esperanza en el contexto de inteligencia artificial no es ingenuidad. Es una postura informada. Es entender que nuestras emociones determinan lo que podemos ver y hacer con las herramientas disponibles.

¿Con qué emoción te acercas tú a la inteligencia artificial? Y si no es esperanza, ¿qué necesitarías para que lo fuera?

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