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Lily García

No importa…nadie lo vio

Hace unos días ofrecí una charla sobre estilos de comunicación saludable para un grupo de profesionales.  Al final de la misma, una de las personas presentes, corredora de bienes raíces de profesión, hizo una pregunta que más allá del tema de la comunicación, nos trajo a la mesa el de la integridad y la ética personal.  

La mujer mencionó encontrarse de vez en cuando con clientes potenciales que buscan colocar alguna propiedad en el mercado para alquiler, pero le dejan saber a ella específicamente a quien aceptarían o no como inquilinos.  “Me dicen, por ejemplo, ‘que no sean norteamericanos’ o ‘que no tengan tatuajes’. ¿Cómo uno le dice al cliente que lo que me está pidiendo es ilegal?” La respuesta es fácil.  Sencillamente se les informa que no solamente es ilegal en nuestro país, sino también antiético el discriminar o en este caso negarle la oportunidad de alquiler a alguien por razón de raza, orientación sexual, nacionalidad, religión y hasta apariencia física.  

Claro, la respuesta es fácil si estás dispuesto a aceptar las consecuencias de la misma.  Esta profesional señaló que en casos como estos, ella sí busca comunicarle a los clientes que lo que están solicitando no es legal.  Pero admitió que en una ocasión tuvo que decirle a uno que no podía trabajar con él y punto. Eso conllevó, por supuesto, la pérdida de una comisión. Ella pudo haber accedido a completar su misión bajo el yugo de los prejuicios de su cliente y calladita, sin que nadie se enterara, hacer la selección de los nuevos inquilinos de acuerdo a lo solicitado.  Nadie tenía porque saberlo y posiblemente nunca hubiese habido consecuencias. Pero ella escogió el camino de la integridad personal. 

¿Qué nos hace personas éticas e integras? Comparto las palabras del escritor inglés CS Lews quien dijo que “Integridad es hacer lo correcto aún cuando nadie nos está mirando”.   Habrá momentos en tu vida personal o profesional donde posiblemente te encuentres ante esa encrucijada.  Ninguno de nosotros puede cambiar los prejuicios de otros, pero sí podemos combatirlos al negarnos a ser parte de su juego.  “Es que todo el mundo lo hace.”  Si algo está mal hecho, el que “todo el mundo” lo haga no puede ser la excusa.  

Felicito a esta profesional que se negó a hacer algo que iba en contra de sus valores porque al hacerlo probó tener consciencia de prosperidad.  Esa es la cualidad de aquellos que saben que cuando “pierden” haciendo lo correcto, en realidad, a la larga, están ganando, porque ese dinero o esa oportunidad les será devuelta de alguna forma.  Es ley de vida.  Es causa y efecto.  Y tal vez la mayor de las ganancias será acostarse cada noche con la conciencia tranquila, uno de los ingredientes principales de una buena salud mental.   

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