La hepatitis C es una enfermedad del hígado causada por un virus que, sin tratamiento, puede derivar en graves complicaciones, como cirrosis o cáncer hepático. Muchas personas no saben que están infectadas, pues la enfermedad suele avanzar silenciosamente durante años.
«Muchas personas con hepatitis C no parecen ni se sienten enfermas, por lo que es posible que no sepan que tienen el virus», detallan los cdc.
Un virus que daña el hígado sin dar señales
El virus de la hepatitis C (VHC) se transmite principalmente a través del contacto con sangre contaminada.
Esto ocurre con mayor frecuencia al compartir agujas, jeringas u otros elementos para inyectarse drogas. También puede contagiarse mediante equipos médicos no esterilizados o, con menor frecuencia, por relaciones sexuales sin protección con una persona infectada.
Lo preocupante es que, en la mayoría de los casos, la hepatitis C no provoca síntomas evidentes durante mucho tiempo. Cuando aparecen, suelen manifestarse como cansancio, dolor abdominal, náuseas o coloración amarillenta de la piel (ictericia). Para entonces, el daño hepático podría estar avanzado.
De acuerdo con los CDC, los signos suelen presentarse entre 2 y 12 semanas después de la infección. Los signos pueden incluir:
- Orina oscura o heces de color arcilla
- Sentirse cansado
- Fiebre
- Dolor articular
- Pérdida de apetito
- Náuseas, dolor de estómago, vómitos.
- Piel u ojos amarillos (ictericia)
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Diagnóstico y tratamiento: claves para evitar complicaciones
La única forma de saber si una persona tiene hepatitis C es mediante un análisis de sangre. Hoy en día, existen tratamientos antivirales altamente efectivos que pueden eliminar el virus del organismo en la mayoría de los casos, evitando la progresión hacia la cirrosis o el cáncer de hígado.
Por eso, las autoridades sanitarias recomiendan que se realicen pruebas de detección quienes tienen factores de riesgo, como:
- Personas que se inyectan drogas
- Pacientes que recibieron transfusiones antes de 1992
- Quienes hayan tenido contacto con sangre infectada
Prevención: la mejor estrategia
Aunque no existe una vacuna contra la hepatitis C, sí se pueden tomar medidas preventivas, como no compartir agujas ni objetos personales que puedan tener sangre (por ejemplo, máquinas de afeitar o cepillos de dientes), y usar preservativo en relaciones sexuales con riesgo.
Los CDC derriban los mitos sobre la condición
- No hay evidencia de que la hepatitis C pueda transmitirse a través de manipuladores de alimentos, maestros u otros proveedores de servicios sin contacto sangre con sangre.
- No hay evidencia que sugiera que la hepatitis C se transmita al compartir cubiertos, abrazos, besos, tomarse de la mano, toser, estornudar o a través de alimentos o agua.
- Aún puedes ir al trabajo, a la escuela, a la guardería u otros lugares incluso si tienes hepatitis C porque no puedes propagar el virus durante las interacciones diarias.
Prevención
La mejor manera de prevenir contraer hepatitis C es evitar conductas que puedan propagar la enfermedad, como compartir o reutilizar agujas u otros artículos personales que puedan entrar en contacto con sangre infectada.
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