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*Apoyado por Artritis ReumatoideLily García

Que nada me detenga… (Mi encuentro con la Artritis Reumatoide)

Todo comenzó como lo que parecía ser un padecimiento del túnel carpal.  Había algo de dolor, pero más bien lo que sentía era incomodidad e inflamación en ambas muñecas. Luego de varios meses de terapia aquello no mejoraba así que busqué una segunda opinión.  Mi nueva fisiatra me ordenó una batería de pruebas que indicaron que los niveles de inflamación de mi cuerpo estaban por las nubes.  Pero el golpe mayor fue enterarme del positivo en la prueba de Artritis Reumatoidea.   

Conocía algo sobre la AR, pero no mucho.  La doctora me explicó que la AR es una condición autoinmune en la cual el sistema inmunológico se vuelve loquito y comienza a atacar tu propio cuerpo.  Comienza por las coyunturas, pero de no tratarse puede llegar a afectar órganos internos.  Yo estaba en “shock”.  Siempre había tenido un sistema inmunológico de “show”.   Y ahora, ese mismo sistema que tan bien me había tratado toda la vida la había cogido conmigo.  

Lo interesante era que, a pesar de esos niveles de inflamación tan altos, mi único síntoma era esa molestia en las muñecas.  No me dolía nada.  La reumatóloga que visité quería medicarme inmediatamente, pero yo escogí irme por la vía natural.  Entre los más de dos meses de dieta vegana y gluten free y los suplementos recomendados por mi naturópata, mis niveles de inflamación bajaron a casi la mitad.  Pero al poco tiempo comenzó el síntoma que definiría la condición en mí:  una debilidad generalizada en el cuerpo que me llevó espasmos, desgarres musculares, y una gran dificultad para subir escaleras y caminar las distancias a las cuales estaba acostumbrada a caminar.  

Me tomó ocho meses darme cuenta de que tenía que combinar lo natural con medicamentos tradicionales.  El día que llamé a mi reumatóloga a decírselo estoy segura de que hizo un “happy dance” al otro lado de la línea.  Hoy he vuelto a recuperar mi calidad de vida, aunque hay días mejores que otros. No me había dado cuenta de cuanto me había afectado emocionalmente ese sentido de impotencia física. La decisión de comenzar a medicarme me sacó del estancamiento emocional en el cual me encontraba.    

Hoy me siento confiada en manos del equipo que he bautizado como “Team Lily”.  Éste incluye a mi naturópata; mi acupunturista/médico chino (aunque es de Bayamón); mis quiroprácticos; mi fisiatra y su equipo terapistas; mi reumatóloga y mi hematóloga.  Y tengo que añadir también a esa amiga que lleva más de diez años con la condición y se ha convertido en mi coach en este proceso.   

El diagnóstico de cualquier condición siempre, de alguna forma, va a significar una pérdida.  Pero en este proceso también he ganado tantas cosas. Por eso, al refrán que dice “Nadie me quita lo bailao”, hoy puedo añadir que nada, ni siquiera la AR, me va a quitar lo que me falta por bailar.

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