Aguantar no debería ser la norma: la invisibilización de la endometriosis impacta la salud  física, mental y social 

*Por: Lcda. Ivelisse Rodríguez Flores

La endometriosis no es solo una condición médica; es un problema social que hemos aprendido a ignorar culturalmente. Millones de mujeres viven con dolor constante mientras enfrentan incredulidad, diagnósticos tardíos y la falta de acceso al tratamiento. Diversos estudios señalan que aproximadamente el 10% de las mujeres en edad reproductiva la padecen. Normalizar el dolor ha permitido que esta condición continúe siendo minimizada, lo que afecta tanto la salud física como la emocional de quienes la padecemos.

Esta realidad no es abstracta; atraviesa mi vida.  Aún recuerdo el momento en que empecé a notar que algo no estaba bien en mi cuerpo, aunque durante mucho tiempo no supe cómo explicarlo. No era “un dolor normal”, era un dolor que paraliza y te obliga a detener tu vida. Sin embargo, como a muchas otras mujeres, me dijeron que era parte de ser mujer, que era un dolor menstrual. No obstante, esos síntomas tenían un nombre: endometriosis, una enfermedad crónica invisibilizada que convierte el sufrimiento en silencio.

Hablar desde la experiencia permite comprender la profundidad de este problema. Vivir con dolor constante no solo limita el cuerpo, sino que también afecta la mente, las emociones y las relaciones interpersonales y laborales. La falta de validación médica y social genera frustración, ansiedad y una sensación de soledad difícil de explicar. Por eso, es urgente exigir una atención más humana que reconozca el impacto real de la enfermedad desde la salud pública. La evidencia muestra que el diagnóstico de la endometriosis puede tardar entre seis y siete años.

Lee también: Endometriosis en Puerto Rico: Claves para un diagnóstico a tiempo

Durante ese tiempo, muchas mujeres experimentan dolor severo que interfiere con su vida diaria  sin recibir respuestas claras. En lugares como Puerto Rico, el acceso a tratamientos especializados es limitado y costoso, lo que agrava aún más la situación. Esto demuestra que no se trata de un problema individual, sino de una falla del sistema de salud.

El impacto en la calidad de vida es significativo. Muchas mujeres enfrentan dificultades en el trabajo, en sus estudios y en sus relaciones personales debido al dolor crónico. A esto se suman efectos emocionales, como el agotamiento y la desesperanza, especialmente cuando sus síntomas son invalidados. Esta realidad confirma que la endometriosis afecta todas las áreas de la vida, no solo el cuerpo.

Como mujer diagnosticada con endometriosis, considero que, como sociedad, tenemos la responsabilidad de romper el silencio, educar, acompañar y exigir políticas públicas contextualizadas que respondan a la magnitud de esta condición. Reafirmo que es indispensable continuar fortaleciendo la investigación, promover diagnósticos tempranos en las diferentes poblaciones y, sobre todo, garantizar un abordaje integral que reconozca el dolor, la experiencia y la dignidad de quienes coexistimos con la condición.

Puede interesarte: Desentrañando la endometriosis y sus vínculos con el dolor crónico
Trabajadora social clínica licenciada en Puerto Rico, profesora de supervisión práctica y especialista en salud mental en escenarios clínicos y de servicios ambulatorios. Con experiencia  en intervenciones dirigidas a personas con trastornos de salud mental, incluidos los crónicos.  Doctoranda en Trabajo Social Clínico en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto  Metropolitano, con enfoque en la salud mental clínica de las mujeres, integrando una mirada  biopsicosocial para comprender y atender su bienestar emocional. Apasionada por la lectura, la  escritura y la educación, dedicada a generar cambios significativos en poblaciones vulnerables y  al compromiso social.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Comenta

spot_img

Articulos relacionados

Las más Recientes