Las dificultades para identificar señales de maltrato, reconocer relaciones abusivas y acceder a recursos de protección pueden aumentar la vulnerabilidad de las personas autistas ante la violencia en sus relaciones de pareja, advirtieron especialistas en salud mental, quienes destacaron la necesidad de fortalecer la educación y la prevención desde edades tempranas.
La psicóloga clínica especializada en autismo Jennifer Del Valle y la trabajadora social clínica Karla Pereira Quiles señalaron que la violencia doméstica no siempre deja marcas físicas, sino que también puede manifestarse mediante la humillación, la manipulación emocional, la intimidación y el control económico.
Según explicó Del Valle, los estudios disponibles apuntan a que las personas autistas pueden ser hasta dos veces más vulnerables a situaciones de violencia en las relaciones de pareja. Entre los factores que pueden dificultar la identificación del maltrato se encuentran los desafíos para reconocer determinadas conductas abusivas y evaluar cómo afectan el bienestar emocional.
Otra señal de alerta es utilizar el diagnóstico de autismo para desvalorizar a la pareja, cuestionar constantemente sus capacidades o controlar sus decisiones. Del Valle también advirtió que los ciclos de agresión o control seguidos de arrepentimiento y muestras de afecto pueden generar confusión y dificultar que la víctima reconozca que está en una relación abusiva.
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La especialista aclaró que estas dificultades no implican inmadurez, sino que, en algunos casos, una persona puede tener problemas para identificar que su pareja la humilla, limita sus decisiones o le provoca malestar emocional de manera recurrente.
La violencia en el hogar también afecta a niños y adolescentes
La prevención debe comenzar desde la infancia, especialmente cuando los menores están expuestos a situaciones de violencia doméstica en el hogar, sostuvo Pereira Quiles, presidenta de Metamorphosis Therapy Services.
La trabajadora social explicó que estas experiencias pueden repercutir en distintas áreas del desarrollo infantil y manifestarse mediante alteraciones del sueño, problemas de concentración, dificultades en el rendimiento académico, ansiedad, depresión y cambios de conducta.
Además, algunos niños y adolescentes pueden desarrollar sentimientos de culpa y creer que tienen alguna responsabilidad en los conflictos que ocurren entre los adultos.
Ante este panorama, Pereira Quiles destacó la importancia de explicarles, de acuerdo con su edad y nivel de comprensión, qué constituye una conducta violenta, cómo expresar sus emociones y a qué adultos de confianza pueden acudir si se sienten inseguros.
La especialista también enfatizó que los menores no deben asumir la responsabilidad de proteger a los adultos ni intervenir en sus conflictos. En cambio, necesitan contar con espacios seguros para expresar lo que viven y recibir orientación y apoyo.
Las barreras para buscar ayuda
En el caso de las personas autistas, reconocer una relación abusiva puede ser solo el primer obstáculo. Del Valle señaló que las dificultades para manejar el dinero, utilizar medios de transporte o realizar otras actividades de manera independiente pueden complicar la salida de una relación violenta, sobre todo cuando existe dependencia de la pareja.
Las diferencias en la comunicación y en la manera de relatar las experiencias también pueden dificultar el acceso a los servicios de protección. Por ello, la especialista destacó la necesidad de preparar mejor a los profesionales que atienden casos de violencia doméstica, de manera que puedan responder adecuadamente a las necesidades de esta población.
La prevención, sostuvo, debe incluir orientación sobre cómo identificar la violencia durante el noviazgo, reconocer las señales de alerta y buscar ayuda.
Por su parte, Pereira Quiles insistió en que la educación debe acompañarse de medidas dirigidas a proteger tanto a las víctimas directas como a los menores que presencian situaciones de violencia.
Ambas especialistas coincidieron en que promover relaciones saludables, enseñar a establecer límites y facilitar el acceso a redes de apoyo son acciones esenciales para prevenir el maltrato y ayudar a las personas a reconocer cuándo una relación pone en riesgo su bienestar.
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