Sucesos como la violencia familiar agravan la ansiedad y los problemas de conducta más que otros eventos traumáticos
El maltrato físico dentro del entorno familiar agrava severamente la salud mental de los menores que han sufrido experiencias traumáticas, provocando niveles más altos de depresión, ansiedad y conductas rebeldes en comparación con aquellos expuestos a incidentes externos como desastres naturales o accidentes. Así lo revela una investigación del Proyecto de Apoyo a Niños y Adolescentes (PANA), enfocada en descifrar cómo impacta el origen del trauma en el desarrollo infantil.
El estudio clasifica a los menores en dos grupos; quienes han sufrido violencia física directa por parte de sus familiares y quienes han vivido otros eventos potencialmente traumáticos. Aunque todos los participantes calificaron para recibir ayuda tras mostrar señales de estrés postraumático, los investigadores confirmaron que el maltrato en el hogar actúa como un detonante que eleva drásticamente los problemas de conducta y el aislamiento social.
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«Los menores que han experimentado eventos potencialmente traumáticos de maltrato físico familiar muestran un rompimiento de reglas elevado, así como cuadros severos de ansiedad, estrés postraumático y depresión», expresó Sebastián Arturo Quintana Rodríguez, investigador del proyecto PANA y estudiante de doctorado en Psicología Clínica de la Universidad de Puerto Rico.
Para llegar a estas conclusiones, el proyecto utiliza la Escala de Trauma para Niños y Adolescentes (CATS, por sus siglas en inglés). Esta herramienta evalúa una amplia gama de vivencias sin cerrarse únicamente al entorno doméstico, lo que permite comparar de forma precisa el peso de cada experiencia en el comportamiento del menor.
«La herramienta que utilizamos recoge una amplia gama de eventos potencialmente traumáticos y no se limita al maltrato físico familiar. Esto puede ir desde el impacto de un desastre natural hasta un abuso sexual», detalló Quintana Rodríguez.
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La iniciativa no solo se limita a la recopilación de datos, sino que ofrece terapia especializada y gratuita a los menores afectados en Puerto Rico mediante un modelo de terapia cognitivo-conductual enfocado en el trauma. A largo plazo, el equipo científico busca expandir la investigación hacia otras áreas críticas como el abuso sexual, con el fin de afinar el tipo de ayuda psicológica que recibe cada paciente.

