El innovador modelo que frena el riesgo suicida en jóvenes latinos

La investigación demuestra el éxito de la terapia sociocognitivo-conductual y el apoyo comunitario para reducir las autolesiones en la juventud latina

La brecha en los servicios de salud mental para la juventud latina está encontrando una respuesta efectiva gracias a una investigación que ha transformado la psicoterapia tradicional en un proceso vivo, adaptable y comunitario. La Dra. Yovanska Duarte Vélez, profesora asociada del Departamento de Psiquiatría y Comportamiento Humano de la Universidad de Brown, presentó los pilares del desarrollo de la terapia sociocognitivo-conductual, un modelo que nació originalmente en Puerto Rico y que ha demostrado un éxito sin precedentes en la reducción de crisis suicidas.

A través de un proceso constante de investigación —basado en el Modelo de Etapas para el desarrollo de tratamientos conductuales del Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. (NIMH)—, la psicóloga clínica demostró que el diseño de intervenciones no es una secuencia lineal, sino un flujo continuo que exige escuchar las necesidades de la comunidad en tiempo real.

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Uno de los logros más significativos de su trayectoria fue el ensayo clínico piloto con familias latinas diversas en Estados Unidos. Tras un seguimiento de 12 meses, los adolescentes que recibieron la terapia sociocognitivo-conductual adaptada alcanzaron una tasa del 0 % en nuevos intentos de suicidio, en comparación con el grupo que recibió el tratamiento habitual de los servicios comunitarios.

Posteriormente, un ensayo clínico aleatorizado a gran escala (mediante un fondo federal R01), en el que participaron 114 familias durante la pandemia de COVID-19, validó la efectividad del tratamiento. A los seis meses de la intervención, se registró una reducción drástica y estadísticamente significativa en los intentos de suicidio, en los eventos de crisis que terminan en salas de emergencia y en las conductas de autolesión. Este impacto positivo se replicó con igual fuerza al analizar específicamente a los subgrupos de la juventud LGBTQ+ , quienes componían más de la mitad de la muestra y enfrentan disparidades aún mayores.

En la actualidad, el proyecto se encuentra en una fase avanzada de implementación a través del programa clínico Mi Gente, dirigido a jóvenes de entre 12 y 21 años en escenarios de consulta externa. En esta etapa, el tratamiento aborda directamente determinantes sociales de la salud como el estigma, las barreras de acceso y las diferencias generacionales y de idioma dentro del núcleo familiar.

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Para romper estas barreras, la investigación integra de forma pionera la figura de las promotoras de salud; personas de la propia comunidad, entrenadas en psicoeducación, que sirven de puente entre las familias y los recursos comunitarios.

«Estamos implementando la terapia sociocognitivo-conductual en un nuevo entorno más regular, pero también estamos en la etapa 1 en términos de que, por primera vez, estamos llevando la efectividad de este nuevo modelo clínico a trabajar en conjunto con una promotora de la salud, que es una persona de la comunidad», explicó la doctora Yovanska Duarte Vélez, profesora asociada del Departamento de Psiquiatría y Comportamiento Humano de la Universidad Brown.

Retornar a la base para seguir avanzando

La especialista enfatizó que la investigación de tratamientos psicológicos eficaces no permite fórmulas rígidas. Cuando los datos de las evaluaciones constantes muestran que una estrategia no está funcionando en la práctica diaria —como el uso de manuales físicos que los jóvenes tendían a descartar—, los investigadores deben poseer la flexibilidad metodológica de regresar a las etapas iniciales de recopilación de datos cualitativos.

«Esto es un proceso interactivo en el que uno empieza en un lugar, puede saltar una etapa o, muchas veces, volver a la etapa cero para recoger datos básicos de investigación. Sobre todo cuando no se consiguen los efectos deseados, hay que regresar al inicio y preguntarse qué pasó, investigar más o hablar con los involucrados para entender qué se debe mejorar. Es un proceso continuo», puntualizó.

Gracias a esta escucha activa, el programa ha evolucionado hacia formatos más ágiles, sustituyendo los manuales tradicionales por hojas de trabajo accesibles de manera electrónica para ajustarse al entorno digital y cotidiano de la juventud actual.

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