Si la inteligencia artificial tiene su propia constitución, quizás tú también necesitas la tuya

¿Me creerías si te digo que una inteligencia artificial tiene su propia constitución?

Anthropic, la empresa de inteligencia artificial que creó el modelo Claude, tomó la interesante decisión de crearle una constitución. Una constitución como la que tenemos en muchos países. Luego de un largo proceso de planificación, la empresa decidió que no era suficiente darle a Claude una lista larga y rígida de reglas como «puedes hacer esto, no puedes hacer aquello». Aunque al inicio ayudaba, no era efectivo para que el modelo tomara buenas decisiones. Por eso decidieron crearle una guía de valores que Claude puede seguir a la hora de tomar decisiones. En otras palabras, decidieron darle una brújula en lugar de un mapa.

Si me preguntas a mí, la lógica de Anthropic es sencilla y práctica. Las reglas fijas funcionan bien cuando el mundo es claro y predecible. El problema es que la vida real no siempre es clara ni predecible. Cuando aparece una situación nueva o difícil, una regla rígida puede llevarte a hacer justo lo contrario de lo que la regla intentaba proteger. Por el contrario, los valores nos pueden acompañar y guiar sin importar la situación.

Me imagino que comienzas a ver por qué pensé que podemos aprender de esta movida inesperada de una compañía de inteligencia artificial. Y es que, aunque encontrar una lección de vida en la manera en que se entrena a una inteligencia artificial puede sonar raro, esta idea no es nueva. La psicología lleva tiempo conversando sobre la diferencia entre guiarnos por metas y guiarnos por valores. Te explico.

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Las metas son concretas, medibles, tienen fecha de vencimiento. Terminar el grado. Bajar de peso. Comprar casa. Los valores son otra cosa. Son direcciones, no destinos. Cuidar de mi salud. Ser buena estudiante. Tratar a la gente con respeto. Ser buen amigo. No se cumplen ni se tachan de una lista. Se caminan.

Hay un modelo de psicoterapia que trabaja mucho con esto. Se llama Terapia de Aceptación y Compromiso, o ACT por sus siglas en inglés. Es un enfoque con amplio respaldo científico, y uno de sus pilares es justamente clarificar los valores. Según el modelo, los valores no resuelven la vida, pero nos orientan cuando se pone confusa.

Con mis estudiantes uso un ejemplo que ayuda a visualizar la diferencia entre metas y valores. Yo puedo trazarme la meta de obtener A en un curso. Aunque es una buena meta, al final del semestre la nota no depende solo de mí. Puede que llegue o puede que no. Distinto es decir que mi valor es ser buena estudiante. Eso sí está en mis manos. Puedo ser buena estudiante aunque en un curso obtenga B.

Usando el mismo ejemplo, esta visión de valores puede cambiar la manera en que tomo una decisión. Imagina una clase electiva que me interesa, pero que tiene fama de ser difícil. Sé que hay buena probabilidad de que no obtenga A y hasta baje mi promedio. Si mi meta es la A, no me matriculo. No hace falta arriesgarme. Pero si mi valor es aprender y crecer como estudiante, me matriculo sin pensarlo. El curso va con lo que valoro, independientemente de la nota. Esa es la diferencia entre perseguir un resultado y caminar en una dirección.

Luego de entender esta diferencia podemos enfocarnos en lo personal. Piensa en la última vez que estuviste frente a una decisión difícil. De esas que no tienen una buena solución ni una regla clara. Sin un consejo sabio ni un manual que te diga qué hacer. Solo tú y una encrucijada. A veces nos pasa con decisiones grandes, como un cambio de trabajo. A veces es algo pequeño, como contestarle a alguien que quieres cuando estás cansada.

¿Te ha pasado? A mí me pasa bastante. En esos momentos, la pregunta útil casi nunca es «¿qué regla aplica?». La pregunta útil es «¿qué es importante para mí en esta situación?»

Pareciera que a Anthropic le pasó algo parecido con Claude. No confían sólo en reglas porque la incertidumbre es parte del terreno. Con nosotros ocurre lo mismo.

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Te invito a que te animes a escribir tu propia constitución. No tiene que ser larga ni bonita. Puede ser en una servilleta o en una nota del celular. Lo importante es que en lugar de escribir metas, escribas valores. Para empezar, te puedes guiar por el mismo formato que usaron con Claude. La empresa comenzó por describir tres cosas: cómo querían que fuera Claude, qué debía priorizar cuando los valores chocan entre sí, y cómo debía comportarse aunque nadie lo estuviera vigilando. 

Basados en esto, podemos comenzar escribiendo tres líneas. «Quiero ser una persona que…» «Cuando tenga que escoger, lo que más me importa es…» «Aun cuando nadie me vea, quiero…» Complétalas con tus palabras y ya tienes el primer borrador.

Fíjate en el cambio. En lugar de «quiero terminar tal proyecto para diciembre», escribes «quiero ser una persona que termina lo que empieza». ¿Notas la diferencia? Una meta puede fallar. Un valor te acompaña, aunque el día no salga como esperabas.

Nos falta tocar un punto importante de esta constitución. Las constituciones son duraderas pero pueden cambiar. La de Claude la van revisando a medida que aprenden. La tuya también puede cambiar. Los valores no son cadenas. Son acuerdos contigo misma que se revisan con cariño cuando la vida te enseña algo nuevo.

Y tú, ¿qué pondrías en tu constitución?


Para explorar más

Si te da curiosidad, puedes leer la constitución de Claude completa. Anthropic la publicó de forma gratuita en su página: https://www.anthropic.com/constitution. También explican por qué la escribieron así en https://www.anthropic.com/news/claude-new-constitution.

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