La sequía no solo deja hogares con menos agua: también puede transformar la rutina de las familias y abrir la puerta a riesgos que van desde golpes de calor hasta enfermedades transmitidas por mosquitos. Para el Dr. Juan Carlos Orengo, epidemiólogo, salubrista e investigador, entender esta realidad es clave para proteger la salud durante el racionamiento de agua.
Sequía y salud: un impacto que va más allá del agua
“La sequía es un cambio climático bien importante y tiene una implicación directa con la salud pública”, explicó Orengo durante un BeHealth Live. El especialista recordó que el problema no se limita a abrir una llave y no encontrar agua: también puede afectar la seguridad alimentaria, favorecer incendios forestales y aumentar otros riesgos sanitarios.
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Según señaló, la falta de lluvia impacta la agricultura y puede reducir la disponibilidad de alimentos para las familias. A esto se suman las altas temperaturas, que incrementan el riesgo de golpes de calor, especialmente entre niños y adultos mayores.
“Hay que tener presentes las cifras: el 15% de los desastres naturales son sequías; sin embargo, el 60% de las muertes por desastres naturales se deben a la sequía”, destacó el epidemiólogo.
Almacenar agua durante la sequía exige precauciones
Cuando el servicio se interrumpe, muchas familias recurren al almacenamiento de agua. Sin embargo, Orengo advirtió que esta necesidad debe ir acompañada de educación sobre cómo hacerlo correctamente.
“Si no se tiene una cisterna, se pueden utilizar botellas o galones limpios”, explicó. Para el consumo, añadió que una recomendación es hervir el agua durante un minuto, aunque aclaró que este proceso elimina bacterias y virus, pero no metales ni tóxicos.
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El almacenamiento inadecuado también puede favorecer la reproducción del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, zika y chikungunya. “Cualquier recipiente con agua debe estar bien lavado, tapado o con una malla encima que no permita que la hembra deposite sus huevos”, señaló.
El especialista recomendó mantener los recipientes en lugares oscuros y evitar aberturas amplias que faciliten la contaminación o la manipulación constante.
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Mosquitos, roedores y otras enfermedades
Los recipientes mal protegidos pueden convertirse en un riesgo adicional. Durante la sequía, explicó Orengo, también es importante prestar atención al virus del Nilo Occidental, transmitido por mosquitos del género Culex.
La escasez de agua puede, además, atraer roedores y mangostas a los hogares. “Si los recipientes no están bien protegidos, las ratas pueden orinar sobre ellos provocando brotes de leptospirosis”, advirtió.
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Otro riesgo surge cuando las familias reducen el uso del agua para ahorrar y descuidan la higiene de manos. Esto puede incrementar el contagio de enfermedades respiratorias y gastrointestinales.
Para proteger a las personas más vulnerables, Orengo fue enfático: niños y adultos mayores deben mantenerse hidratados y consumir agua “estrictamente desinfectada, hervida o filtrada”.
Una respuesta que también debe ser comunitaria
El experto insistió en que la respuesta a la sequía y salud debe anticiparse a la crisis. Las familias pueden contribuir mediante el almacenamiento seguro, la higiene y el uso responsable del recurso.
“Consumir el agua de forma consciente, evitar desperdicios y compartir recursos hídricos con los vecinos y poblaciones vulnerables” también forma parte de la respuesta, sostuvo.
En tiempos de escasez, la sequía y salud se cruzan en cada decisión cotidiana: proteger el agua almacenada, mantener la higiene y cuidar a quienes enfrentan mayor vulnerabilidad puede marcar una diferencia real para toda la comunidad.

