Alertan sobre riesgo de benzodiazepinas y opioides en adultos mayores

Especialistas en geriatría y adicciones alertan que fármacos comunes para la ansiedad, el insomnio y el dolor agravan cuadros de demencia y encubren problemas tratables

El uso indiscriminado o prolongado de medicamentos para la ansiedad, el insomnio y el dolor crónico está acelerando el deterioro neurológico en adultos mayores y complicando el diagnóstico certero de condiciones como la demencia, según advirtieron especialistas en salud mental y adicciones convocados por la Universidad Central del Caribe (UCC).

El llamado de alerta se centró en el denominado «triángulo clínico invisible»; una compleja encrucijada donde el dolor no detectado, el declive cognitivo y el uso de fármacos controlados se solapan y confunden en la práctica clínica diaria.

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Entre los medicamentos bajo mayor escrutinio figuran las benzodiazepinas —como el clonazepam—, recetadas comúnmente para calmar episodios de angustia o inducir el sueño. De acuerdo con el psiquiatra geriátrico el doctor Fernando Entenza, su prescripción rutinaria en pacientes de edad avanzada resulta contraproducente.

«Estudios científicos han identificado que las benzodiazepinas afectan el sueño profundo y la etapa REM desde los primeros días de uso. El uso de estos medicamentos está contribuyendo seriamente al deterioro y a los problemas cognitivos en la población de adultos mayores», explicó.

El especialista subrayó además que la dependencia física a estas sustancias puede tardar semanas en consolidarse, lo que suele provocar un uso continuado que pasa inadvertido hasta que el daño cognitivo o los cuadros de confusión ya son evidentes.

Dolor no verbalizado y el dilema de los opioides

El manejo del dolor en personas con deterioro cognitivo representa otro desafío diagnóstico. Según trascendió en el foro clínico, cambios repentinos de conducta como irritabilidad o agresividad no siempre responden a la progresión natural de la demencia; con frecuencia se originan en dolor físico que el paciente no logra verbalizar, cuadros de depresión subyacente o interacciones farmacológicas desfavorables.

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A este panorama se suma la alta utilización de opioides para el dolor crónico. Sobre este punto, el doctor Andrés Calvo, director del programa de especialidad en Medicina de Adicción de la UCC, recalcó la urgencia de regular y monitorear estos tratamientos para frenar trastornos por uso de sustancias e intoxicaciones, promoviendo en su lugar intervenciones no farmacológicas antes de recurrir a esquemas de alto potencial adictivo.

Para los especialistas, atender el impacto de estos fármacos exige transformar el modelo de atención geriátrica en la isla. El consenso apunta a sustituir la respuesta rápida de la receta médica por evaluaciones interdisciplinarias continuas, donde el alivio del síntoma no comprometa la lucidez, la autonomía ni la calidad de vida en la vejez.

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