Especialistas advierten que la fatiga súbita, la desorientación y el cuidado riguroso en el hogar son determinantes para evitar complicaciones graves durante la terapia oncológica
El diagnóstico y abordaje de los cánceres de la sangre —como las leucemias, los linfomas y el mieloma múltiple— conllevan una vulnerabilidad directa en las defensas del organismo. Al daño celular intrínseco ocasionado por la condición se suman terapias médicas agresivas que incrementan considerablemente el riesgo de desarrollar cuadros infecciosos severos. Este tema, forma parte de la iniciativa educativa es desarrollada por BeHealth, en alianza con el Hospital Auxilio Mutuo y TCT Oncology, con el compromiso de brindar herramientas esenciales para el cuidado y la calidad de vida de los pacientes hematológicos
El doctor Carlos Pérez, especialista en Medicina Interna y Enfermedades Infecciosas, explicó el mecanismo biológico detrás de este escenario crítico.
«Cuando hablamos de cáncer de la sangre —leucemia, linfoma y mieloma múltiple— las células afectadas son las mismas que tienen que ver con la defensa del cuerpo, el sistema inmune. La formación de glóbulos blancos y anticuerpos está afectada y, si a eso se le añade el tratamiento, el riesgo de infecciones aumenta mucho más», explicó Pérez.
Los pacientes en tratamiento activo pueden desarrollar infecciones respiratorias y urinarias frecuentes, tanto en la comunidad como bajo regímenes orales o intravenosos. Asimismo, el uso de catéteres y líneas centrales representa un foco de atención primordial; cualquier contaminación bacteriana puede ingresar al torrente sanguíneo y comprometer órganos vitales, incluido el corazón. También es común la reactivación de patógenos latentes, como el virus de la varicela en forma de herpes zóster (culebrilla).
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En los casos que requieren un trasplante de médula ósea, la exposición al peligro se acentúa. Para ilustrarlo, el doctor Pérez compara el proceso con preparar un terreno; primero se aplica quimioterapia para erradicar las células enfermas (como herbicida a la maleza) y luego se infunden las nuevas células, las cuales tardan semanas en madurar. Durante esa etapa de inmunosupresión profunda, y debido a los fármacos para prevenir la enfermedad de injerto contra huésped, el organismo queda completamente desprotegido. Además, estos pacientes pierden la memoria celular adquirida, por lo que a los tres meses del procedimiento deben reiniciar su calendario de vacunación desde cero, al igual que un recién nacido.
Síntomas atípicos: actuar sin esperar por la fiebre
Una de las principales dificultades clínicas radica en que los cuadros infecciosos rara vez se manifiestan de manera convencional. La ausencia de fiebre no descarta un proceso infeccioso activo en un paciente inmunocomprometido.
Entre las señales que demandan atención médica prioritaria destacan:
Debilidad súbita y cambios térmicos: Sensación persistente de frío, escalofríos y fatiga extrema.
Alteraciones en el estado general: Confusión, desorientación o cambios conductuales que los familiares o cuidadores detecten como inusuales.
Malestar atribuido erróneamente a la terapia: Manifestaciones gastrointestinales, diarreas o erupciones cutáneas (rash) que suelen asumirse como efectos secundarios de la quimioterapia, pero que ameritan descartar origen infeccioso.
Anomalías en laboratorios de rutina: Hallazgos en hemogramas periódicos (CBC) que evidencian alteraciones antes de que surja un síntoma externo evidente.
«Lo más que nos preocuparía es que no se haga un tratamiento rápido. Hay que empezar, ya sea con antibióticos o antivirales, lo antes posible. Esto puede ser en cuestión de horas o días: el paciente puede estar bien y empeorar rápidamente», advirtió el doctor Pérez
Recomendaciones prácticas para el hogar y mitos frecuentes
En el hogar, la prevención requiere un esfuerzo coordinado entre el paciente y su entorno cercano. Medidas cotidianas como el lavado frecuente de manos, el uso de mascarillas si un familiar presenta síntomas, la vacunación al día de los convivientes y el lavado minucioso de alimentos reducen drásticamente la exposición a patógenos. A esto se suma el cuidado riguroso de los accesos vasculares, que deben mantenerse secos y ser manipulados únicamente por personal de enfermería, junto con el mantenimiento de los filtros de aire para evitar hongos ambientales.
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Asimismo, el especialista recalca que cuidarse no significa vivir en aislamiento total ni desprenderse de las mascotas, siempre que los animales estén vacunados y el paciente evite el contacto con excrementos o saliva durante las etapas más críticas. El éxito del tratamiento radica en derribar mitos, evitar la automedicación con antibióticos sin indicación médica y mantener una comunicación directa con el equipo hematológico ante cualquier señal de alerta.

