La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (COPD, por sus siglas en inglés) es una enfermedad pulmonar que le provoca al paciente dificultad para respirar. Entre sus presentaciones más comunes se encuentra el enfisema, el cual implica un daño a los pulmones con el tiempo, y la bronquitis crónica, que implica tos prolongada con moco.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, la COPD es la cuarta causa de muerte en el mundo, y en 2021 ocasionó 3,5 millones de defunciones, lo que representa aproximadamente el 5% de todas las defunciones a nivel mundial. Situación que demarca la importancia de la prevención a través de la limitación a factores de riego como el tabaco, aire contaminado, y la vacunación para evitar infecciones.
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Asimismo, la organización afirma que a medida que progresa la COPD las personas “encuentran más difícil llevar a cabo sus actividades normales” por la disnea y la fatiga.
¿Qué cambia en el día a día?
Según la guía global GOLD (Global Initiative for Chronic Obstructive Lung Disease), los síntomas típicos de la COPD como la disnea, la tos crónica y la fatiga; provocan que realizar tareas básicas como vestirse, cocinar, subir escaleras o caminar pequeñas distancias requieran de mayor esfuerzo o deban ser adaptadas. Este tipo de limitaciones son uno de los ejes centrales para evaluar el impacto de la enfermedad en la salud del paciente.
Además, el empeoramiento de los síntomas agudos, que suelen durar días o semanas y pueden acelerar la pérdida de la función pulmonar y requerir de hospitalizaciones. Según los CDC, en el año 2020 se registraron 165.248 hospitalizaciones con COPD como primer diagnóstico. Sin embargo, es importante mencionar que este es un diagnóstico que coexiste con otras afecciones, como enfermedades cardiovasculares, diabetes y otras enfermedades respiratorias como la neumonía, que presentan altas tasas de hospitalización.
Impacto psicosocial
El impacto de esta enfermedad pulmonar no solo se limita a los aspectos físicos, el temor a nuevas exacerbaciones suelen asociarse a ansiedad, depresión y aislamiento social. A su vez, la enfermedad genera costos directos (medicación, consultas, hospitalizaciones) e indirectos (pérdida de productividad). Las guías recomiendan abordar estos aspectos dentro de un plan integral de atención.
Qué puede hacer el paciente
Lo más importante que debe entender el paciente es que la COPD no debe asumirse como una pérdida total de independencia, ya que con simples acciones como el abandono del tabaco y la vacunación. Además con un diagnóstico oportuno, la rehabilitación pulmonar y la adherencia terapéutica, muchas personas mantienen o mejoran su calidad de vida y reducen hospitalizaciones. A continuación te compartimos en detalle en qué consisten esas acciones:
- Abandono del tabaco: De acuerdo con GOLD y la OMS, dejar de fumar es la medida más efectiva para frenar la progresión de la COPD.
- Vacunación. La vacunación contra la influenza, el neumococo y, según indicación clínica, contra COVID-19 reduce el riesgo de infecciones que pueden desencadenar exacerbaciones.
- Rehabilitación pulmonar: Los estudios muestran que los programas de rehabilitación pulmonar mejoran la capacidad de ejercicio, reducen la disnea, mejoran la calidad de vida y están asociados a menor uso de servicios de salud tras una hospitalización por exacerbación
- Tratamiento adecuado y plan de acción. El uso correcto de inhaladores, el seguimiento médico regular y la existencia de un plan bien descrito para identificar y tratar las exacerbaciones de los síntomas disminuyen el riesgo de complicaciones.
La recomendación es consultar a un profesional para realizar evaluación (incluida espirometría) y diseñar un plan de manejo individualizado.
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