Siembra generosidad, con la lluvia bregamos…

Es uno de los temas que está en el ambiente: que si la técnica de “siembra de nubes” para producir lluvia es una alternativa para manejar la sequía en Puerto Rico. ¿Vale la pena? ¿Será costo efectivo? Todos tienen su opinión, y cada cual lo ve desde su perspectiva. Y yo, mientras tanto, y observando las crisis ambientales, económicas, sociales y políticas que estamos viviendo, me pregunto si en vez de estar sembrando nubes debemos estar pensando en sembrar más “generosidad” entre nosotros.  

Me explico. Durante estas pasadas dos semanas me he sentido bendecida. Este mes me realicé una operación de reconstrucción facial o “face lift”, y el proceso ha requerido de mucho apoyo de mi corillo. Desde antes de la operación ya había identificado quienes podrían darme la mano tanto el día de la cirugía como durante las dos semanas siguientes de recuperación y en las cuales todavía me encuentro al escribir estas líneas. 

A la verdad que tengo amistades que valen oro. Una me llevó al hospital el día de la cirugía y regresó cuando estaba en recovery para recibir las instrucciones del cirujano. Para la noche en el hospital contraté a una enfermera que fue maravillosa. Estuvo conmigo hasta que mi mejor amigo llegó a recogerme cuando me dieron de alta. A mi amigo lo sustituyó otra amiga que se quedó esa primera noche en casa. Y ella se aseguraba de que otras amigas, o vecinas, pudiesen darme la vuelta cuando ella se fuera.

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Las que no llegaron a cuidarme me cocinaron, me botaron la basura, y me ayudaron hasta con el laundry. Todos los días recibo por lo menos tres mensajes de alguien preguntándome si necesito algo. Y esta semana llegó una de mis hermanas y una sobrina de Tampa para darme la mano también, especialmente con asuntos de mami que no puedo atender por no poder conducir todavía. Ya ven porqué les digo que soy bendecida.

Claro, la generosidad también llueve cuando tú has regalado de ti a otros. Es natural que esa reciprocidad se manifieste.  Pero más allá de que ser generosos nos haga “sentirnos bien” con nosotros mismos, la realidad es que muchos estudios afirman que las personas generosas tienden a ser más felices y que la práctica de la generosidad transforma para bien no solo al que da y al que recibe, sino también a todo lo que nos rodea. Porque cuando comenzamos a relacionarnos a través de la generosidad en vez del conflicto, nuestros mundos comienzan a balancearse. 

Oliver Scott Curry, director de Kindlab, un laboratorio que estudia las causas y consecuencias de la generosidad dice que “Los seres humanos son naturalmente generosos bajo las circunstancias correctas”. Yo estoy completamente de acuerdo con él. Aunque reconozco que el ser generosos nace de forma más natural en personas que se han criado dentro de ambientes donde se ha respirado la colaboración y la empatía. Pero eso no quiere decir que no podamos “ejercitar” este músculo de la generosidad, no importa la edad o las circunstancias de vida que hemos atravesado.  

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Uno de los ejercicios que se practica como parte de las dinámicas de Kindlab invita a las personas a realizar un acto de generosidad al día por siete días consecutivos. Puede ser con alguien conocido o con un extraño. Lo interesante es que el impacto positivo en la felicidad de los generosos fue el mismo independientemente de si conocían o no a las personas a las que sirvieron. Hoy te invito a que te unas a este ejercicio y motives a tu corillo cercano a hacerlo también. Ese acto puede ir desde algo tan sencillo como sonreírle a un desconocido con quien te cruzas o pagarle un café a la persona que está detrás de ti en la fila de la panadería, hasta darle la mano a un compañero de trabajo que está hasta el cuello con una tarea, o escribirle una notita a alguien que te ha apoyado siempre y hace tiempo no agradeces. Hay miles de formas de ser generosos. Pero les hago una advertencia: la generosidad puede ser adictiva. Una vez comiences a darte cuenta de cuán fácil puede ser hacer feliz a los demás, vas a querer repetirlo siempre.   

Por eso digo que con la sequía de lluvia en nuestra región podemos bregar sin sembrar nubes, pero para resolver la sequía de amor y empatía que estamos viviendo necesitamos sembrar generosidad todos los días. Será la única forma de salvar nuestro bendito país.  

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