Un diagnóstico de cáncer no solo cambia rutinas y tratamientos: también puede sacudir el mundo emocional del paciente y su familia. La salud mental en pacientes con cáncer merece atención desde el comienzo, porque miedo, tristeza, ansiedad o coraje pueden aparecer ante una experiencia que transforma las expectativas de futuro. El Dr. Nicolás Hernández Sanabria, psiquiatra, psiquiatra infantil y de la adolescencia y psiquiatra de trasplantes, explica en diálogo con BeHealth que recibir esta noticia “supone un impacto muy fuerte, es un shock para la persona”.
Salud mental en pacientes con cáncer: una respuesta humana
No existe una única forma de reaccionar. Algunas personas pueden sentir alivio al recibir un diagnóstico de cáncer después de meses de estudios, porque finalmente conocen qué ocurre y cuál será el plan. Para otras, especialmente quienes se sentían aparentemente bien, el impacto puede ser mayor.
“Se va a manifestar en cada persona de una manera diferente”, señala el especialista.
La diferencia entre una reacción emocional esperable y una situación que requiere atención profesional no depende solamente de sentir tristeza o ansiedad. El especialista invita a observar la intensidad, la duración y el efecto que esos síntomas tienen sobre la vida diaria. Una ansiedad que paraliza o una depresión que altera la alimentación, el sueño o las decisiones son señales que no deberían ignorarse.
El sueño también ocupa un lugar importante durante el proceso oncológico. El insomnio puede relacionarse con ansiedad, depresión, medicamentos, hospitalización o la etapa del tratamiento. Cuando no se atiende, puede aumentar la irritabilidad y la ansiedad, creando un círculo que dificulta todavía más descansar y afecta el estado de ánimo.
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Un equipo integral para acompañar al paciente
Para Hernández Sanabria, el bienestar emocional no debe considerarse un servicio adicional. “La visión correcta y moderna de cómo abordar un paciente con cáncer es un abordaje integrado donde múltiples profesionales ayudan al paciente a echar adelante”. Se trata de reconocer que el tratamiento involucra a una persona completa, con pensamientos, emociones, creencias y familia.
En ese acompañamiento pueden participar psicología, psiquiatría, psicoterapia, consejería y apoyo familiar o espiritual, según las necesidades. Cuando existe un trastorno de ansiedad o depresión, el tratamiento puede requerir distintas modalidades. El objetivo es ayudar a la persona a manejar mejor el proceso y mantener su capacidad para seguir el tratamiento.
Los medicamentos para la ansiedad, depresión o insomnio pueden utilizarse durante un tratamiento oncológico, pero deben ser evaluados por un profesional con formación en esta área. El especialista destaca la importancia de diferenciar si determinados cambios emocionales responden a un problema psiquiátrico, a la enfermedad o a los medicamentos utilizados, además de considerar posibles interacciones.
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La familia también necesita acompañamiento
El papel de los familiares y cuidadores es crucial, pero el proceso también puede exigir una reorganización familiar. “No solamente tenemos que pensar en el paciente que estamos atendiendo, sino nosotros como cuidadores tenemos que pensar en nosotros mismos y cómo se reorganiza la familia”, plantea el psiquiatra.
Hablar sobre lo que se siente puede tomar tiempo. Algunos pacientes prefieren guardar silencio al comienzo y abrirse después a sus seres queridos. Respetar ese proceso y ofrecer apoyo familiar puede marcar una diferencia. Como resume Hernández Sanabria, “está bien sentir tristeza, está bien sentir coraje, está bien sentir miedo”.
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Su mensaje final se aleja de la idea del cáncer como una guerra. “Aquí no hay que luchar, aquí hay que vivir una experiencia y no estar solo”. En ese camino, cuidar la salud mental en pacientes con cáncer significa reconocer las emociones, pedir ayuda cuando interfieren con la vida cotidiana y permitir que profesionales y familiares acompañen el proceso.

