La leucemia ya no significa automáticamente un diagnóstico de muerte. Para pacientes y familias, esto importa porque hoy existen herramientas para conocer mejor la enfermedad y elegir tratamientos más ajustados. El doctor William Marrero, hematólogo oncólogo y especialista en leucemia, explica en diálogo con BeHealth cómo estos avances están transformando el camino después del diagnóstico.
Leucemia: entender qué ocurre en la médula ósea
La leucemia es un cáncer de la sangre que comienza con una proliferación anormal de células en la médula ósea, el tejido blando dentro de los huesos. Para explicarlo a sus pacientes, Marrero utiliza una comparación sencilla:
“Imaginemos que la médula ósea es un jardín”. Allí crecen células esenciales: glóbulos rojos, blancos y plaquetas.
Cuando las células anormales proliferan, pueden afectar la producción normal. Por eso, pueden aparecer alteraciones en glóbulos rojos, blancos o plaquetas. Algunas leucemias son agudas, más agresivas y de evolución rápida, mientras otras son crónicas, generalmente menos agresivas.
Ese diagnóstico, sin embargo, no debe interpretarse como una sentencia. Marrero recuerda que antes del año 2000 la leucemia mielógena crónica podía representar una sentencia, pero el desarrollo de terapias dirigidas permitió actuar sobre el llamado gen Filadelfia.
“Desde entonces para acá, son pacientes que pueden vivir el resto de su vida con una sola pastilla”, señala.
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Tratamiento de la leucemia: más precisión
La evolución también alcanza a las leucemias agudas. Según Marrero, los avances en terapias dirigidas, marcadores moleculares y medición de la enfermedad residual mínima han cambiado las posibilidades para los pacientes.
“Ya en el 2026 una leucemia aguda no es un diagnóstico de muerte”, afirma, al destacar también terapias como CAR-T, que utilizan células T modificadas para atacar las células cancerosas.
Por eso, el diagnóstico preciso es clave antes de definir el tratamiento. La aspiración y biopsia de médula ósea estudia la morfología, mientras las pruebas genéticas y los marcadores moleculares ayudan a identificar alteraciones que orientan el tratamiento.
“No hay que salir corriendo a tratar una leucemia aguda, sino esperar a que tengamos todos los componentes para definir cuál es la mejor terapia para ese paciente”, explica.
Detección y acompañamiento: claves para el paciente
Aunque existen tratamientos más avanzados, la detección temprana continúa siendo importante. Un hemograma de rutina puede mostrar alteraciones que levanten una señal de alerta. Cansancio inexplicable, falta de aire, sangrados, moretones sin causa aparente o pequeños puntos rojos en la piel pueden aparecer cuando existen cambios en las células sanguíneas, aunque estos signos también pueden tener otras causas.
En pacientes con leucemia aguda, el manejo debe involucrar desde el inicio a especialistas en leucemia y trasplante, porque no todos los casos requieren un trasplante y la decisión depende, entre otros factores, del riesgo y de los hallazgos genéticos y moleculares.
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Más allá de las pruebas y los medicamentos, Marrero subraya el impacto emocional del diagnóstico. “El paciente va a pasar una batalla de emociones y es bien importante que en esa batalla de emociones el paciente no esté solo”. Para él, la atención debe incluir al paciente, la familia y un equipo médico.
La principal enseñanza es que la leucemia exige información, diagnóstico preciso y atención especializada, pero también permite hablar de esperanza basada en avances reales. Como resume Marrero ante sus pacientes: “Hay alternativas”. Y contar con ellas puede cambiar la manera de enfrentar la enfermedad.
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