La mejoría de los síntomas puede llevar a algunos pacientes con artritis reumatoide a reducir las dosis o suspender sus medicamentos por cuenta propia. Sin embargo, esta decisión puede provocar una recaída y dejar activa la inflamación, incluso cuando el dolor ha disminuido. Por eso, la adherencia al tratamiento, el seguimiento médico y los hábitos saludables son fundamentales para el manejo de esta enfermedad autoinmune.
Así lo explicó la doctora Amarilis Pérez de Jesús durante una entrevista en la que orientó sobre la importancia de cumplir las indicaciones médicas y mantener una comunicación abierta con los profesionales de la salud.
“Adherencia al tratamiento es usarlo estrictamente como su médico le indicó”, enfatizó la doctora al explicar que seguir la terapia implica respetar tanto la dosis como la frecuencia establecida para cada medicamento.
Esto significa que los pacientes no deben tomar una cantidad menor o mayor de la prescrita ni modificar los horarios por iniciativa propia. Por ejemplo, si un medicamento debe administrarse dos veces al día, no se deben tomar ambas dosis juntas sin indicación médica.
“Hay que seguir las instrucciones, es exactamente lo que dice la etiqueta y como lo ha prescrito el médico”, recalcó la Dra. Pérez de Jesús.
La ausencia de dolor no siempre significa control de la enfermedad
Uno de los principales riesgos de interrumpir el tratamiento es confundir la mejoría de los síntomas con el control de la enfermedad.
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La artritis reumatoide es una condición autoinmune sistémica que puede afectar otras partes del organismo, además de las articulaciones. Por eso, según la doctora, evaluar únicamente la presencia o ausencia de dolor no es suficiente para determinar si la enfermedad está bajo control.
“Para mí lo importante no es el dolor, sino el grado de inflamación”, sostuvo.
La Dra. De Jesús explicó que los reumatólogos utilizan el índice de actividad de la enfermedad para evaluar aspectos como el número de articulaciones inflamadas, la percepción del paciente y la valoración clínica. Esta medición permite establecer si la condición está en remisión o presenta actividad mínima, moderada o alta.
En algunos casos, una persona puede sentirse mejor y, aun así, presentar niveles elevados de actividad de la enfermedad. Ante ese escenario, el especialista podría determinar que necesita mantener el tratamiento, ajustar la dosis o incorporar otro medicamento.
Por ello, la doctora insistió en la importancia de acudir a las citas de seguimiento y realizarse las pruebas de laboratorio indicadas.
Recordatorios y organización para cumplir con el tratamiento
Durante la conversación, la especialista también aseguró que la falta de organización también puede interferir con la adherencia. Olvidar una dosis, no recordar si se tomó un medicamento o acumular varios días sin utilizarlo son situaciones que pueden dificultar el manejo de la artritis reumatoide.
Para reducir estos riesgos, la Dra. Amarilis Pérez recomendó utilizar alarmas y aplicaciones del teléfono para recordar las citas médicas, así como colocar los recordatorios en lugares visibles del hogar. Asimismo, aconsejó utilizar organizadores de pastillas que permitan distribuir las dosis por día y horario. De esta manera, los pacientes pueden comprobar si ya tomaron el medicamento y evitar repetir una dosis por confusión.
La especialista también recomendó planificar con anticipación los viajes para evitar interrupciones en el tratamiento. En el caso de los medicamentos orales, sugirió consultar con la farmacia sobre opciones de empaque que identifiquen las dosis y llevar copia de la receta cuando sea necesario. Para los medicamentos inyectables, señaló que existen alternativas de transporte con sistemas de refrigeración, según las necesidades del producto.
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La recomendación es consultar con el farmacéutico y el equipo médico sobre las condiciones específicas de almacenamiento y transporte de cada medicamento.
Alimentación, ejercicio y otros hábitos también cuentan
El tratamiento de la artritis reumatoide no se limita al uso de medicamentos. La especialista destacó que los cambios en la alimentación, la actividad física y el abandono del cigarrillo también forman parte del manejo de la enfermedad. En cuanto al ejercicio, recomendó comenzar con metas realistas y aumentar la actividad de manera progresiva, de acuerdo con las capacidades de cada persona.
“Yo prefiero que hagan 10 a 15 minutos. Comenzamos caminando 10 a 15 minutos cinco veces en semana y lo vamos progresando”, explicó.
La doctora también aconsejó prestar atención a la alimentación y reducir el consumo de productos con alto contenido de azúcares añadidos, entre otros cambios que pueden discutirse con el equipo médico. Además, advirtió sobre el tabaquismo y su relación con factores que pueden favorecer la aparición y el empeoramiento de la artritis reumatoide.
Hablar con el médico también es parte de la adherencia
Los efectos secundarios, el costo de los medicamentos y las dificultades para seguir las indicaciones médicas pueden convertirse en barreras para la continuidad del tratamiento. Sin embargo, ocultar estas situaciones no permite encontrar alternativas.
“Si usted no le dice al médico por qué no se está tomando el medicamento o por qué se rehúsa a tomar el medicamento, nunca vamos a resolver el problema”, advirtió la especialista.
La especialista explicó que comunicar los efectos adversos o las dificultades económicas permite evaluar posibles ajustes, buscar programas de asistencia o considerar otras opciones terapéuticas cuando sean apropiadas. El objetivo es evitar que estos obstáculos lleven al paciente a suspender la terapia sin orientación médica.
Finalmente, la doctora recordó que recibir un diagnóstico de artritis reumatoide no significa renunciar a una buena calidad de vida. Con seguimiento médico, tratamiento adecuado y cambios sostenidos en los hábitos, muchas personas pueden mantener sus actividades cotidianas.
“Es un mito el hecho de que una vez tiene ese diagnóstico se acabó. No, no se acabó”, expresó. “Hay pacientes que están tan bien que nadie ni se entera que tienen AR”.

