Recibir un diagnóstico de una enfermedad crónica puede cambiar por completo la manera en que una persona imagina su futuro. Para Kimberly Peguero, paciente con colitis ulcerosa desde 2017, ese momento marcó un antes y un después en su vida. Sin embargo, lejos de definirla únicamente por la enfermedad, la experiencia le permitió desarrollar una profunda capacidad de adaptación, empatía y resiliencia.
Durante una conversación en el podcast Salud en Control de BeHealth, Kimberly compartió cómo enfrentó los desafíos físicos y emocionales de vivir con una enfermedad inflamatoria intestinal, así como las lecciones que ha aprendido a lo largo de casi una década.
Un diagnóstico que cambió todos los planes
Antes de recibir el diagnóstico, Kimberly tenía un proyecto de vida muy claro. Su meta era estudiar Derecho y convertirse en abogada. Sin embargo, la llegada de la colitis ulcerosa modificó sus prioridades y la obligó a replantear su camino.
«Yo creo que cuando uno tiene este tipo de enfermedad, uno tiene un antes y un después en la vida», recordó.
Tras conocer que conviviría con una condición de por vida, comenzó un proceso de cuestionamientos y búsqueda de respuestas. Uno de los aspectos que más impactó sus decisiones fue la posibilidad de que el estrés influyera en los síntomas, razón por la cual decidió abandonar sus planes iniciales de estudiar Derecho.
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Aprender a vivir sin fechas ni comparaciones
Uno de los cambios más significativos que experimentó fue dejar atrás la necesidad de cumplir metas dentro de plazos específicos. La enfermedad le enseñó que cada proceso tiene su propio ritmo.
«No es que no voy a cumplir una meta, la voy a cumplir, pero dejé de ponerme fecha», explicó.
La experiencia también la llevó a comprender la importancia de evitar compararse con otras personas. Según relató, durante los primeros años buscaba constantemente experiencias de otros pacientes y se frustraba cuando los resultados no eran iguales. «Hay que conocerse y no compararse, porque cada paciente vive la enfermedad de manera diferente», señaló.
El impacto emocional de una enfermedad que no se ve
Además de los síntomas físicos, Kimberly destacó las dificultades que generan las llamadas enfermedades invisibles, aquellas cuyos efectos no siempre son evidentes para quienes rodean al paciente. Para ella, uno de los comentarios más difíciles de escuchar ha sido: «Pero si tú te ves bien».
«No tolero que no tengan empatía. Que porque no se ve, piensen que no pasa nada», afirmó.
La paciente relató que hubo momentos de agotamiento extremo en los que sintió que no podía continuar. Las hospitalizaciones, los brotes severos y una complicación por sepsis en 2019 pusieron a prueba su fortaleza emocional.
«Llegó un momento dado en que yo dije: ‘Yo no puedo más’. Muchas veces lloré y muchas veces me pregunté por qué me estaba pasando esto», confesó.
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Del diagnóstico al crecimiento personal
A pesar de los momentos difíciles, Kimberly asegura que la enfermedad también le dejó enseñanzas valiosas. Con el paso de los años aprendió a buscar información confiable, a involucrarse activamente en sus tratamientos y a valorar el apoyo de su familia y amigos.
«Yo soy quien soy por eso. He creado esta fortaleza y esta empatía que quizás no tenía antes del diagnóstico», expresó.
Hoy, nueve años después de recibir el diagnóstico, ha logrado alcanzar importantes metas personales y profesionales. Se graduó como patóloga del habla y lenguaje, completó estudios de maestría y doctorado, dirige un programa para personas con autismo y continúa compartiendo su experiencia para apoyar a otros pacientes.
En el plano personal también celebra nuevos comienzos. Este año contraerá matrimonio, una meta que en algún momento creyó imposible. «Jamás pensé que iba a estar viviendo tantas cosas bonitas. Se puede, poco a poco, y cuando uno se abre a las oportunidades, suceden cosas bonitas», afirmó.
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Una lección que permanece
Al reflexionar sobre todo lo vivido, Kimberly resumió el mayor aprendizaje que le ha dejado la colitis ulcerosa en una sola palabra: empatía.
«La colitis ulcerosa me enseñó a ser más empática y a comprender que uno no sabe lo que la otra persona está viviendo por dentro», concluyó.
Su historia recuerda que detrás de cada diagnóstico existe una persona que continúa construyendo sueños, enfrentando retos y encontrando nuevas razones para seguir adelante.

