Desbanquemos el bla, bla, bla del periodismo de salud

No habían pasado ni 10 días del 2025 y la humanidad ya estaba imaginando que no volvería a celebrar una Navidad. Mucho menos un Año Nuevo. ¿La razón? El nerviosismo que llegó desde Asia, y que fue malintencionado por ciertos sectores de la prensa, de que un nuevo virus estaba a punto de convertirse en la pandemia 2.0 del covid-19.

Resulta que este supuesto adversario, conocido como HMPV, no era nuevo, mucho menos letal y claro que estaba, y está, lejos de volver a poner ‘en jaque’ a los sistemas salubristas de las naciones del mundo.

Aunque no es un tema menor, y claro que se le debe prestar suma atención para manejar adecuadamente sus síntomas, el abordaje que algunos le dieron refleja, una vez más, la carencia de rigurosidad que cada vez es más evidente entre quienes se ganan la vida informando el día a día.

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¿Dónde queda aquella enseñanza universitaria de contrastar fuentes, de hablar con la verdad y de brindar información de calidad? Este espacio no es una “tiraera”. Es un llamado a la reflexión para mí, y para todos los colegas. ¿Realmente necesitamos el clickbait para cumplir nuestra misión? Pista: no.

Informar sobre salud, y de cualquier otro tema, es un acto de responsabilidad mayúscula. Cada palabra publicada tiene el poder de calmar o de desatar el pánico, de educar o de confundir, de salvar vidas o, en el peor de los casos, de ponerlas en peligro.

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La búsqueda -a veces irracional- del sensacionalismo puede causar graves consecuencias para la salud mental de sus espectadores. ¿Realmente queremos eso? Está demostrado que la ansiedad, el estrés y hasta la desconfianza en la ciencia se incrementan cuando hay información no verídica. ¿En qué estamos?

Nuestras audiencias, apreciados comunicadores y periodistas, no solo buscan información; buscan orientación, claridad y, en medio de la incertidumbre, un poco de esperanza. ¿Ganando vistas con titulares alarmistas lo estamos logrando? De nuevo, otra pista: no.

Es nuestra labor priorizar el rigor sobre la inmediatez, la precisión sobre el sensacionalismo. No se trata de maquillar la realidad ni de minimizar los riesgos, sino de encontrar el equilibrio entre advertir y alarmar, entre informar y generar pánico innecesario.

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En un mundo lleno de tantas fake news, ahora con el auge de la amada y odiada inteligencia artificial, qué maravilloso es saber que hay una generación de periodistas que se desprenden del sensacionalismo y vuelven a la esencia de este importante, y cada vez más cuestionado, oficio: el periodismo. Informar con rigor, ética y un compromiso inquebrantable con la verdad, aunque suene cliché, debe seguir siendo el aliciente diario. Simple y amable recordatorio: en este campo, más que en cualquier otro, la palabra importa. Y mucho.

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