Por: Lorna M. Huertas Padilla
Paciente con artritis psoriásica
Lorna M. Huertas Padilla, paciente con artritis psoriásica, ha convivido durante décadas con dos condiciones autoinmunes que han marcado profundamente su vida: la psoriasis y la artritis psoriásica. Ambas enfermedades inflamatorias crónicas afectan la piel y las articulaciones, generando dolor, limitaciones físicas, estigma social y un impacto considerable en la autoestima. Desde temprana edad, Lorna ha enfrentado no solo los síntomas visibles, sino también las miradas, los comentarios y la necesidad constante de explicar lo que muchos aún no comprenden.
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Mi experiencia personal con la psoriasis y la artritis psoriásica
Hace unos 35 años conocí de cerca una condición que marcaría mi vida: la psoriasis. En plena adolescencia, cuando la apariencia y la aceptación pesan tanto, vivir con lesiones visibles en brazos y piernas fue una carga emocional enorme. En nuestra sociedad puertorriqueña, donde todo se cuestiona —desde lo superficial hasta lo profundo—, sentía que debía justificar mi piel constantemente.
Recuerdo las miradas, los comentarios hirientes y las preguntas incómodas: “¿Te quemaste?”, “¿Eso se pega?”. Mi ropa solía estar manchada con lo que parecía caspa o sangre, producto de las lesiones. Mientras lidiaba con mis inseguridades y mi autoestima, también enfrentaba el dolor físico: picor, ardor, inflamación en las articulaciones y tratamientos que parecían eternos.
He probado desde cremas hasta medicamentos biológicos. No ha sido un camino fácil, pero en mi adultez decidí que esta condición no iba a dictar mi vida. Aprendí a conocerme, a identificar mis detonantes y, sobre todo, a aceptarme. El apoyo incondicional de mi familia, amistades y médicos ha sido clave.
Hoy convivo con la psoriasis y la artritis psoriásica, pero ya no me escondo. Uso pantalones cortos sin miedo y hablo con naturalidad sobre mi piel. Soy una mujer feliz, consciente de sus retos, pero también de su fortaleza. Esta piel, con todo lo que carga, me ha enseñado a ser fuerte y libre. He concluido que la psoriasis es parte de mí, pero no me define.
La historia de Lorna es un recordatorio poderoso de que vivir con psoriasis y artritis psoriásica implica enfrentar desafíos significativos, pero también descubrir resiliencia, valentía y una profunda capacidad de adaptación. Su proceso de aceptación demuestra que, con apoyo emocional, acompañamiento médico y educación, es posible vivir plenamente. Hoy, su voz inspira a otros pacientes a comprender que no están solos y que estas condiciones pueden ser parte de su historia, pero nunca deben definir quiénes son.

