Hace algunas décadas, recibir un diagnóstico de artritis reumatoide significaba enfrentar un futuro marcado por el dolor constante, la pérdida de movilidad y el deterioro progresivo de las articulaciones. Hoy, gracias a la evolución de los tratamientos médicos, el panorama es muy diferente y cada vez más pacientes logran mantener una vida activa y funcional.
Durante el evento educativo de BeHealth “Cuida tu artritis reumatoide, sentirse mejor es posible”, el reumatólogo José Rodríguez Santiago explicó cómo los avances terapéuticos han transformado el manejo de esta enfermedad autoinmune, permitiendo un mejor control de la inflamación y una mayor calidad de vida.
De las sales de oro a los tratamientos biológicos
El especialista recordó que los primeros intentos para controlar la artritis reumatoide eran mucho más limitados que las alternativas disponibles actualmente.
“En el pasado hubo un intento de modular el sistema inmune y el proceso inflamatorio, y en aquel momento se empezó a utilizar sales de oro. Estamos hablando de hace 40 años atrás”, explicó.
Según relató, aquellos tratamientos requerían vigilancia constante debido a sus efectos adversos. “Era un medicamento interesante, bien tóxico. Había que ponerlo toda la semana y toda la semana había que hacerse laboratorio”, señaló.
Con el tiempo llegaron los medicamentos sintéticos convencionales, entre ellos el metotrexato, la hidroxicloroquina y la sulfasalazina, que continúan siendo herramientas importantes dentro del tratamiento.
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La llegada de los biológicos cambió el manejo de la enfermedad
Uno de los mayores avances ha sido el desarrollo de los medicamentos biológicos, diseñados para actuar sobre mecanismos específicos del sistema inmunológico responsables de la inflamación.
“Los biológicos empezaron con los inhibidores de TNF. Después aparecieron moléculas moduladoras de células B y otras alternativas terapéuticas”, explicó Rodríguez Santiago.
La evolución también ha facilitado la experiencia de los pacientes. “Los primeros biológicos se infundían cada cuatro semanas o seis semanas. Hoy en día tenemos pastillas”, destacó.
Para el especialista, la disponibilidad de más opciones permite personalizar los tratamientos según las características y necesidades de cada paciente.
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La evaluación individual sigue siendo fundamental
Elegir el tratamiento adecuado requiere un análisis detallado de la actividad de la enfermedad y de la respuesta obtenida con terapias previas. “Nosotros determinamos si el paciente ya debe pasar a un medicamento que sea más potente y sortear cuál es el mecanismo que va a tener una mejor respuesta terapéutica”, explicó.
El médico señaló que síntomas como el dolor, la hinchazón y los marcadores inflamatorios elevados ayudan a identificar cuándo es necesario ajustar el manejo terapéutico.
Además, recordó que en muchas ocasiones los medicamentos se utilizan de forma complementaria.
“Hay una actividad de sinergia que ocurre entre los convencionales y los biológicos, por lo tanto se ayudan”, afirmó.
El estilo de vida también forma parte del tratamiento
Aunque los medicamentos son fundamentales, el especialista destacó que la calidad de vida también depende de hábitos saludables.
“Los pacientes obesos tienen mayor predisposición al desarrollo de inflamación. Bajar de peso es fundamental, mejorar el estilo de vida, hacer ejercicio y llegar al peso ideal disminuye sustancias proinflamatorias”, indicó.
Asimismo, resaltó la importancia de mantener una buena salud oral, cuidar la flora intestinal y adoptar rutinas que favorezcan el bienestar general. “Estamos hablando de que ahí tenemos que ver un paciente holísticamente”, afirmó.
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La dieta mediterránea y el ejercicio pueden marcar la diferencia
Entre las estrategias complementarias con mayor respaldo científico, Rodríguez Santiago destacó la dieta mediterránea.
“La dieta mediterránea es la mejor dieta que se puede utilizar en los pacientes con condiciones inflamatorias. Está probado que en los pacientes de artritis reumatoide funciona como una dieta antiinflamatoria”, aseguró.
El especialista también recomendó mantenerse activo y evitar el sedentarismo, adaptando la actividad física a las capacidades de cada persona. “Las coyunturas están con nosotros, las tenemos para usarlas”, expresó.
Para el reumatólogo, la combinación de tratamiento oportuno, seguimiento médico, ejercicio, alimentación saludable y control de la inflamación permite que muchos pacientes con artritis reumatoide conserven su funcionalidad y disfruten de una mejor calidad de vida durante años.

