Esquizoafectividad: el poder de la educación, el apoyo familiar y la esperanza en la recuperación

La vida de una familia puede cambiar por completo cuando aparece un diagnóstico de salud mental. Sin embargo, también puede transformarse gracias a la educación, el acompañamiento adecuado y la certeza de que la recuperación es posible. Así lo cuenta Laura del Moral, madre y cuidadora de una mujer diagnosticada con trastorno esquizoafectivo, una condición que combina síntomas de esquizofrenia y trastorno bipolar.

Su historia refleja los desafíos, temores y aprendizajes que enfrentan miles de familias cuando un ser querido desarrolla una condición de salud mental grave, pero también demuestra que es posible construir una vida plena y funcional.

Un cambio que llegó de manera gradual

Laura recuerda que las primeras señales aparecieron años antes del diagnóstico. Su hija había sido diagnosticada en la adolescencia con trastorno obsesivo-compulsivo y logró continuar sus estudios con excelentes resultados. Sin embargo, alrededor de los 25 años comenzaron a surgir comportamientos que llamaron la atención de la familia.

“De repente noté que estaba hablando de una forma distinta, hasta se vestía de una forma distinta. Mi hija, que siempre ha sido muy suavecita, simpática y dulce, de repente fue otra”, relató en entrevista con BeHealth.

Con el paso del tiempo, los cambios se hicieron más evidentes y el comportamiento fue agravándose. Finalmente, llegó el diagnóstico de trastorno esquizoafectivo, una condición que requería tratamiento especializado y acompañamiento continuo.

El camino hacia la estabilidad

A pesar de las dificultades iniciales, hoy la situación es muy diferente. La hija de Laura trabaja como abogada, mantiene una vida social activa y continúa desarrollándose profesionalmente.

“Le tengo que decir que tomó mucho tiempo llegar de ese punto a donde está ahora. Fueron años”, explicó.

La cuidadora atribuye gran parte de esa evolución al acceso a medicamentos, terapia psicológica y programas especializados de atención temprana. “Creo que hizo toda la diferencia para ella”, afirmó al referirse a los recursos que recibió durante su proceso de recuperación.

Laura también destacó la importancia de encontrar el tratamiento adecuado para cada persona. “No hay una pastilla mágica para todo el mundo. Uno tiene que tratar uno. Si no funciona, pues se cambia. Toma tiempo”.

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La educación como herramienta fundamental

Para Laura, uno de los factores más importantes ha sido la educación sobre la enfermedad. Comprender lo que ocurre permite a las familias afrontar el proceso con más herramientas y menos miedo.

“Yo creo que la educación es clave. Uno tiene que leer, aprender lo más que pueda”, señaló.

Además del conocimiento, destaca el valor de las redes de apoyo. Compartir experiencias con otras familias les permitió entender mejor los retos asociados a la condición y sentirse acompañados durante momentos complejos. “Había una comunidad con quien podíamos compartir experiencias. Todo eso para mí fue clave, para nuestra familia”, recordó.

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Romper el estigma también ayuda a sanar

Uno de los momentos más significativos en la vida de su hija ocurrió cuando decidió hablar abiertamente sobre su diagnóstico. “Por muchos años, Gabriela no le decía a nadie su condición”, contó Laura.

La situación cambió cuando decidió compartir públicamente que vivía con un trastorno esquizoafectivo.

“A partir de ese momento rompió el estigma para ella, porque tenía autoestigma. Ella misma se sentía cohibida, avergonzada y asustada de cómo iba a reaccionar la gente a su diagnóstico”.

Según Laura, ese paso marcó un antes y un después en su proceso personal y emocional.

Un mensaje para las familias y cuidadores

La experiencia le ha enseñado que el aislamiento puede convertirse en un obstáculo adicional para quienes enfrentan estas condiciones. “No se quede en silencio, porque el silencio fomenta el estigma”, aconsejó.

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También reconoce que el camino puede ser largo y que los avances no siempre ocurren con rapidez. Sin embargo, insiste en que la esperanza debe mantenerse.

“La recuperación es posible. No crean que porque ven a su hijo de una forma que uno jamás se imaginaba, todo está perdido. No se apuren. Tengan fe”.

Hoy, Laura encuentra inspiración en la fortaleza de su hija, a quien describe como una mujer optimista que nunca se rindió. Su historia es un recordatorio de que, con tratamiento, apoyo familiar, educación y acompañamiento comunitario, las personas que viven con condiciones de salud mental pueden continuar construyendo proyectos de vida, alcanzar metas y mantener una buena calidad de vida.

La entrevista:

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