La obesidad sigue siendo uno de los principales retos de salud pública en América Latina y el Caribe, no solo por su alta prevalencia, sino por el impacto que tiene en múltiples enfermedades crónicas. En entrevista con BeHealth, el Dr. Luis Xavier Mayol, jefe de residentes de Medicina de Familia, explicó por qué este diagnóstico debe entenderse como una enfermedad crónica y multifactorial, y no como un problema estético o de falta de disciplina.
“El primer paso es reconocer que la obesidad es una enfermedad. Una vez hacemos eso, cambia completamente la forma en que la tratamos, tanto a nivel individual como desde la política pública”, afirmó el especialista.
La obesidad como eje de múltiples enfermedades
El Dr. Mayol fue enfático en que la obesidad suele ser el denominador común de condiciones como diabetes tipo 2, hipertensión, síndrome metabólico y alteraciones hormonales. “Muy probablemente una persona con diabetes o presión alta también tiene obesidad, aunque a veces no se quiera reconocer”, explicó.
Desde su experiencia clínica, señaló que reducir el abordaje a la alimentación ignora otros factores clave como la genética, el ambiente obesogénico, el sedentarismo, el estrés crónico y la falta de sueño. “No es simplemente que una persona come más porque quiere. Hay múltiples factores biológicos y sociales que influyen”, puntualizó.
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El especialista también advirtió sobre la normalización del entorno: “Vivimos rodeados de estímulos obesogénicos. Anuncios de comida rápida, porciones gigantes y hábitos que refuerzan el consumo constante. Todo eso influye en nuestras decisiones sin que lo notemos”.
Medicamentos para bajar de peso: qué hacen y qué no hacen
Durante la entrevista, el Dr. Mayol explicó cómo funcionan los medicamentos inyectables usados actualmente para el tratamiento de la obesidad, como los agonistas GLP-1. “Estos medicamentos aumentan la saciedad, retrasan el vaciamiento gástrico y disminuyen el hambre actuando directamente en el cerebro”, detalló.
Sin embargo, fue claro en advertir que no son soluciones mágicas. “Una vez se suspende el medicamento, ese efecto desaparece. Si no hubo un cambio real en el estilo de vida, la persona puede recuperar el peso”, señaló.
Entre los efectos secundarios más comunes, mencionó náuseas, vómitos, estreñimiento y, en casos específicos, riesgo de pancreatitis o contraindicaciones en pacientes con ciertos tipos de cáncer de tiroides. “En general son medicamentos seguros, pero siempre deben usarse con supervisión médica”, subrayó.
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El médico alertó además sobre los riesgos de acudir a tratamientos sin respaldo profesional. “Hay prácticas no médicas administrando estos fármacos, y eso debe prender todas las alarmas. El daño metabólico, las alteraciones hormonales y el efecto rebote son reales”, afirmó.
Cambiar la relación con la comida: clave para sostener resultados
Más allá de medicamentos o cirugías, el Dr. Mayol insistió en la necesidad de un cambio mental y conductual. “La cirugía bariátrica no arregla el cerebro ni las hormonas del hambre. Con el tiempo, el apetito regresa, y eso no es un fallo del paciente, es fisiología”, explicó.
Para evitar recaídas, recomendó priorizar una alimentación rica en proteínas, entrenamiento de fuerza para preservar masa muscular, seguimiento médico continuo y apoyo psicológico cuando sea necesario.
“Perder músculo en vez de grasa es un error grave. A menor masa muscular, mayor riesgo cardiovascular y mayor mortalidad con los años”, advirtió.
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Finalmente, destacó el rol de la medicina familiar en este proceso. “Nuestra formación nos permite ver al paciente de manera integral. No tratamos solo el peso, tratamos a la persona completa”, concluyó.

