La Asociación Puertorriqueña de Ayuda al Paciente de Psoriasis (APAPP) conmemoró su 15.º aniversario destacando su compromiso con la educación, la empatía y la unión de quienes viven con esta condición. Durante el evento, los fundadores y pacientes recordaron cómo, desde un pequeño grupo de apoyo en 2009, la organización se ha convertido en una comunidad sólida que transforma vidas.
“Estos 15 años representan solidaridad, apoyo y esperanza compartida. Hemos crecido gracias a cada paciente, voluntario y aliado que ha creído en la misión de educar, acompañar y demostrar que vivir con psoriasis no significa perder la calidad de vida”, expresó la directora ejecutiva de la entidad, Leticia López, al abrir la celebración.
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La historia de APAPP comenzó con la visión de crear un espacio seguro donde los pacientes pudieran compartir sus experiencias y aprender unos de otros, idea que surgió de una disertación doctoral y se convirtió en acción gracias al impulso de médicos aliados y voluntarios comprometidos.
De seis pacientes a una red internacional
“Comenzamos siendo seis pacientes que queríamos ayudarnos mutuamente, y hoy realizamos actividades con más de 150 personas cada año”, recordó López. Con el lema “Abrázame, la psoriasis no se pega”, APAPP ha logrado educar a miles de personas en Puerto Rico y fuera de la isla, combatiendo el estigma asociado a esta enfermedad crónica.
El impacto de la asociación se refleja en logros como la Ley 97, que establece el Día Mundial de la Psoriasis en la isla y promueve la sensibilización desde las instituciones públicas. “Nos hemos ganado el respeto de la clase médica y de las compañías que trabajan con estos tratamientos”, señaló uno de los fundadores, resaltando cómo la colaboración entre pacientes y profesionales de la salud ha mejorado la calidad de vida de muchos.
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Educación, acompañamiento y calidad de vida
Más allá de los tratamientos, APAPP promueve el empoderamiento emocional y educativo. “Tan pronto acepté mi condición, entendí que podía ayudar a otros a manejar la suya”, contó una de las líderes comunitarias, quien encontró en la asociación un espacio de apoyo y propósito.
Hoy, con presencia internacional y programas educativos en constante evolución, APAPP sigue fiel a su misión: acompañar, educar y brindar esperanza. “Hay luz para todos nosotros, porque hoy día sí existen tratamientos y, sobre todo, una comunidad que entiende y acompaña”, concluyó López con emoción.
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