La nueva generación de residentes de pediatría asume con firmeza el reto de formarse y ejercer en Puerto Rico desde la primera línea de atención en el Puerto Rico Children’s Hospital. Durante una jornada dedicada a estos profesionales en formación, tres médicas compartieron con BeHealth sus motivaciones, desafíos y visión de futuro, dejando claro que su elección responde a una profunda vocación y sentido de compromiso con la niñez.
Vocación que acompaña cada etapa del desarrollo
La doctora Andrea Torres explicó que su decisión de estudiar pediatría fue natural y contundente. “La pediatría es lo mejor”, afirmó. Para ella, el atractivo principal es poder acompañar a sus pacientes en todas las etapas cruciales de su desarrollo.
“Siempre me llamó la atención esa idea de estar presente durante todas las partes fundamentales del desarrollo de nuestros pacientes. Desde que nace, nosotros somos los que estamos ahí para ellos hasta que básicamente se vuelven unos adultos”, expresó.
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Torres destacó que esa continuidad en el cuidado convierte la especialidad en una experiencia única dentro de la medicina. “Esa idea para mí fue superfascinante”, añadió, subrayando que el pediatra no solo atiende enfermedades, sino que se convierte en guía constante para el niño y su familia a lo largo de los años.
Retos de la primera línea y aprendizaje constante
La formación en residencia implica exigencias importantes. “La residencia puede llegar a ser fuerte, son muchas horas trabajadas, somos esa primera línea”, reconoció Torres. Sin embargo, también resaltó el respaldo recibido durante el proceso formativo.
“Gracias a Dios en el Puerto Rico Children’s Hospital pues siempre nos han apoyado, nos han dado las herramientas y tenemos la exposición que nos ha ayudado”, sostuvo.
Por su parte, la doctora Virna Nasario Ayala describió su experiencia como “muy enriquecedora”. Señaló que enfrentan una alta complejidad de pacientes, lo que fortalece su preparación clínica. “Aprendemos de todo, contamos con muchísimos subespecialistas, así que nosotros los residentes tenemos un aprendizaje completo”, explicó.
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No obstante, también reconoció que comunicar diagnósticos difíciles es uno de los momentos más retantes. “No es fácil las condiciones y los diagnósticos que tenemos que compartir con las familias y ver cómo esas familias responden a lo que le estamos diciendo”, confesó. A su juicio, trabajar con niños añade un componente emocional inevitable.
“Son niños y se supone que sean saludables y no se enfermen”, expresó.
Empatía, resiliencia y futuro de la pediatría
Nasario Ayala, quien además es madre, afirmó que esa experiencia personal ha fortalecido su empatía. “Uno se pone en la posición de la mamá que está tratando de buscar una respuesta, buscar a alguien en quien confiar, que le diga lo que está pasando con su hijo”, señaló. Esa perspectiva le permite acercarse más a las familias y comprender mejor sus temores e incertidumbres.
La doctora Nicole Carrión coincidió en que la pediatría ofrece un privilegio particular dentro de la medicina. “Es el poder ver a este niño desde bebé, desde nacido en tus manos hasta ver ese adolescente que ya tiene sus metas”, expresó.
Carrión también habló de los desafíos emocionales que enfrentan. “Uno de los mayores retos es tú darle todo el tratamiento posible a ese paciente y no verlo mejorar lo más que pueda”, explicó. En esos momentos, enfatizó que el rol del pediatra trasciende lo clínico. “Además de tratar a estos pacientes tienes que apoyar a esa familia, decirle qué es lo que viene, dar todo lo que tú puedas”, añadió.
Al proyectar el futuro, las residentes coincidieron en que la especialidad necesita más médicos comprometidos con la niñez.
“Espero que cada vez seamos más los que estamos dispuestos a unirnos a esta profesión”, expresó Torres.
Cuando se les pidió definir en una sola palabra lo que significa ser pediatra, las respuestas resumieron su visión profesional. “Compromiso”, afirmó Nasario Ayala. “Resiliencia”, respondió Carrión. Para estas jóvenes médicas, la pediatría es más que una especialidad: es un llamado que exige entrega, sensibilidad y una profunda responsabilidad con el bienestar de los niños.

