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Resolvemos los mitos más conocidos de la endocrinología

“Como puertorriqueños, nuestra cultura está impregnada de mitos que le confieren un carácter folclórico. No obstante, es fundamental resaltar que, cuando estos mitos se entrelazan con la salud y afectan a los pacientes, pueden generar inquietudes y tener repercusiones negativas en el bienestar de nuestra población”, fueron las primeras palabras de la Dra. Nicole Canales, endocrinóloga y presidenta del comité de educación a la comunidad de SPED en una charla educativa que sostuvo con otros dos especialistas de la endocrinología para abordar un tema esencial: eliminar los mitos sobre la endocrinología y la diabetes.

Los mitos más conocidos de la endocrinología

El campo de la endocrinología es común que se asocie exclusivamente con el manejo de la diabetes mellitus. Sin embargo, la Dra. Leticia Hernández, endocrinóloga y presidenta de SPED, precisó que esto no es del todo así, ya que “nos encargamos de las siguientes áreas” como los trastornos tiroideos (hipotiroidismo e hipertiroidismo), osteoporosis, salud reproductiva, obesidad, diagnóstico y tratamiento de trastornos de la glándula adrenal, como la enfermedad de Cushing y la insuficiencia suprarrenal, así como la evaluación y tratamiento de condiciones relacionadas con la glándula pituitaria, como tumores hipofisarios y disfunciones hormonales.

Además, en el caso de los endocrinólogos pediátricos, “se ocupan de cuestiones relacionadas con el crecimiento y desarrollo de los niños”. 

No es lo mismo 1 que 2

La Dra. Hernández aclaró también que la diabetes tipo 1 y la diabetes tipo 2, a pesar de que ambas involucran un aumento en los niveles de glucosa o azúcar en el cuerpo, “son dos afecciones diferentes con diferentes causas y características”.

“La diabetes tipo 1 es una condición no prevenible que se origina como una respuesta autoinmune en la que el sistema inmunológico del cuerpo ataca erróneamente las células productoras de insulina en el páncreas”, dijo. Estas células son esenciales para regular los niveles de azúcar en la sangre, y su destrucción conduce a una deficiencia total de insulina y agregó que «los pacientes con diabetes tipo 1 dependen de la administración de insulina de forma continua para sobrevivir, ya que su cuerpo no puede producir insulina de manera natural”.

Por otro lado, la diabetes tipo 2 es una afección en la que el cuerpo no puede usar eficazmente la insulina que produce o no produce suficiente insulina para satisfacer las necesidades del cuerpo. A menudo, “la diabetes tipo 2 está relacionada con factores de estilo de vida, como la dieta y la falta de actividad física, y a veces tiene una predisposición genética”. 

Es decir, a diferencia de la diabetes tipo 1, la diabetes tipo 2 generalmente se puede prevenir o controlar mediante cambios en la alimentación, el ejercicio y, en algunos casos, medicamentos orales o inyecciones de insulina. Aunque ambas condiciones se caracterizan por niveles elevados de azúcar en la sangre, la diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune que afecta a las células productoras de insulina, mientras que la diabetes tipo 2 se asocia con la resistencia a la insulina y factores de riesgo modificables, como la dieta y el ejercicio.

Diferente manejo también

En lo que respecta a la diabetes tipo 1, es fundamental entender que esta es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunológico ataca las células beta del páncreas, lo que resulta en una completa falta de producción de insulina. A diferencia de la diabetes tipo 2, “donde el cuerpo aún produce insulina, los pacientes con diabetes tipo 1 no pueden controlar su afección con medicamentos orales, ya que dependen de la administración de insulina por inyección o bomba de insulina para sobrevivir”. Los medicamentos orales, en este caso, no son efectivos para reemplazar la insulina que falta en el cuerpo.

La diabetes tipo 1 requiere insulina exógena, mientras que la diabetes tipo 2 puede abordarse con una combinación de cambios en el estilo de vida, medicamentos orales e insulina, si es necesario. Es importante que los pacientes comprendan estas diferencias para recibir el tratamiento adecuado.

Por otro lado, según el Dr. José García Mateo, endocrinólogo y presidente electo de SPED, en cuanto a la diabetes tipo 2, dijo que es cierto que algunos pacientes, a lo largo del tiempo, pueden necesitar insulina además de su terapia con medicamentos orales:

“La necesidad de insulina en pacientes con diabetes tipo 2 puede variar según la progresión de la enfermedad y la respuesta al tratamiento. No todos los pacientes con diabetes tipo 2 requieren insulina desde el principio, y algunos pueden controlar su afección con medicamentos orales y cambios en el estilo de vida”, dijo el galeno. 

Sin embargo, a medida que la diabetes tipo 2 avanza y la capacidad del páncreas para producir insulina disminuye, la insulina puede convertirse en una opción necesaria y efectiva para mantener los niveles de glucosa en sangre bajo control.

Es decir, la necesidad de insulina en pacientes con diabetes tipo 2 puede depender de la progresión de la enfermedad y de la respuesta individual al tratamiento. No todos los pacientes con diabetes tipo 2 necesitan insulina, pero en algunos casos, puede ser una parte esencial del plan de tratamiento para lograr un control glucémico adecuado.

“Es esencial que los profesionales de la salud orienten a los pacientes con diabetes tipo 2 sobre la naturaleza progresiva de la enfermedad y la posibilidad de que en algún momento puedan necesitar insulina”, compartió el doctor. 

En este sentido, la introducción de insulina no debe verse como un fracaso, sino como una medida necesaria para mantener un control glucémico adecuado y prevenir complicaciones a largo plazo. Los medicamentos orales y otros tratamientos pueden ser eficaces en las etapas iniciales de la enfermedad, “pero a medida que la diabetes tipo 2 avanza, la insulina se convierte en una herramienta valiosa para mantener los niveles de azúcar en sangre dentro de un rango saludable”.

¿Temor a la insulina?

El objetivo principal es identificar y tratar la diabetes tipo 2 lo antes posible, independientemente de si se necesita insulina desde el principio o más adelante en el curso de la enfermedad. Cuanto antes se realice un diagnóstico preciso y se inicie el tratamiento, mejor será el control de la enfermedad y la prevención de complicaciones a largo plazo. “La educación del paciente sobre la naturaleza de la diabetes tipo 2 y la importancia de un seguimiento médico regular son esenciales para garantizar un manejo efectivo de la enfermedad”, aclaró.

Estas pruebas pueden incluir la medición de anticuerpos que indican una respuesta autoinmune contra las células beta del páncreas, así como la evaluación de la reserva de secreción de insulina. Si se confirma que un paciente inicialmente diagnosticado con diabetes tipo 2 presenta características de diabetes tipo 1, es esencial iniciar el tratamiento con insulina, ya que la función de las células beta puede estar severamente comprometida.

Sin embargo, como mencionó el doctor García Mateo, en algunos casos, al mejorar el control glucémico y la función de las células beta a través del tratamiento con insulina, “es posible introducir otros medicamentos que no sean insulina o medicamentos orales para ayudar a mantener niveles de glucosa en sangre dentro de un rango objetivo. La capacidad de reducir la dependencia de la insulina o, en algunos casos, retirarla por completo dependerá de la respuesta individual del paciente y la progresión de la enfermedad”.

Algunos pacientes pueden experimentar preocupaciones o miedos relacionados con el inicio de la terapia con insulina debido a mitos y malentendidos en torno a este tratamiento. Los especialistas también abordaron estas preocupaciones y proporcionaron educación a los pacientes para que puedan tomar decisiones informadas y confiar en su plan de tratamiento.

Mitos sobre la terapia con insulina, como el temor a la ceguera o al aumento excesivo de peso, no están respaldados por la evidencia científica. En realidad, cuando se usa adecuadamente, la insulina puede ayudar a mejorar el control glucémico y prevenir complicaciones a largo plazo.

“Se debe destacar que la terapia con insulina se adapta de manera individual a las necesidades y el estilo de vida de cada paciente. Los avances en la insulina y las técnicas de administración han mejorado significativamente, lo que permite una gestión más flexible y eficaz”.

De acuerdo con el doctor, existen numerosos estudios que respaldan la idea de que el tratamiento temprano con insulina, cuando es necesario, “puede prevenir o retrasar la aparición de complicaciones graves de la diabetes, como la retinopatía diabética y la enfermedad renal”.

Por tanto, es fundamental que los profesionales de la salud reconozcan los signos de que un paciente con diabetes tipo 2 necesita insulina y estén dispuestos a iniciarla cuando sea necesario. “La terapia con insulina no debe verse como un último recurso, sino como una intervención efectiva para lograr un control glucémico adecuado y prevenir complicaciones”.

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Además, es esencial educar a los pacientes sobre la importancia de un seguimiento continuo y una evaluación regular de su salud, incluyendo la detección temprana de problemas renales y retinopatía diabética. 

Dudas respecto a la metformina

Por su parte, la Dra. Hernández señaló que la metformina es conocida por su perfil de seguridad y efectividad. “Ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir la producción hepática de glucosa y disminuir los niveles de glucosa en sangre”. Además, este medicamento generalmente se elimina principalmente a través de los riñones, pero no causa daño renal en individuos con una función renal normal.

Sin embargo, “es cierto que la metformina no se recomienda en pacientes con un alto riesgo de acidosis láctica, una complicación rara pero potencialmente grave que puede estar relacionada con el uso de la metformina”. Esto incluye a pacientes con disfunción renal significativa o enfermedades que pueden afectar la función renal. En estos casos, es importante que los profesionales de la salud evalúen la función renal del paciente antes de iniciar la metformina y tomen decisiones de tratamiento apropiadas.

Es decir, la metformina es un medicamento seguro y efectivo en el tratamiento de la diabetes tipo 2, pero su uso debe ser supervisado por un profesional de la salud, especialmente en pacientes con problemas renales o factores de riesgo de acidosis láctica. 

“La metformina es generalmente segura en pacientes con función renal normal, pero su dosis debe ser ajustada o incluso descontinuada en pacientes con disfunción renal, especialmente si la filtración glomerular cae por debajo de ciertos umbrales.”

¿Puedo tener diabetes y no mostrar síntomas?

En muchos casos, los pacientes pueden tener diabetes durante un tiempo sin darse cuenta, lo que se conoce como diabetes asintomática. Esto puede llevar a un diagnóstico tardío y a un manejo inadecuado de la enfermedad, lo que aumenta el riesgo de complicaciones a largo plazo.

“Si un paciente ya presenta síntomas, es posible que haya estado conviviendo con la diabetes durante varios años, dado que la presentación más común suele ser asintomática. Por esta razón, realizamos cribados y evaluaciones tempranas para identificar a aquellos pacientes en las etapas iniciales de la diabetes o incluso en una fase conocida como prediabetes, antes de que se desarrolle la enfermedad”.

Es importante destacar que muchos pacientes están en riesgo sin manifestar síntomas evidentes. La imagen clásica del paciente que llega con síntomas como poliuria, polidipsia, polifagia y pérdida de peso, que se enseñaba en las escuelas de medicina, ahora es menos común. La mayoría de los pacientes llegan a la consulta asintomáticos. 

“La alta prevalencia en Puerto Rico, cercana al 20%, hace que sea esencial estar alerta y educar tanto a los pacientes como a los médicos primarios”, resaltó el Dr. García Mateo.

Asimismo, aquellos con factores de riesgo, como antecedentes de diabetes gestacional, obesidad, hipertensión, problemas de lípidos o predisposición genética, deben ser evaluados, incluso si no presentan síntomas evidentes.

Desde cuándo debemos estar alertas

De acuerdo con la endocrinóloga Leticia Hernández, anteriormente, “solíamos realizar evaluaciones a los 45 años en aquellos pacientes sin factores de riesgo conocidos”, pero en la actualidad, con la creciente conciencia sobre la importancia de la detección temprana, podría ser beneficioso considerar evaluaciones incluso antes (35 años), según la presencia de factores de riesgo específicos en cada paciente.

Sin embargo, es una realidad que nos encontramos en una isla con una prevalencia extremadamente alta de diabetes, donde prácticamente todos tenemos familiares afectados por esta condición. 

“Nuestros estilos de vida sedentarios y la prevalencia de sobrepeso u obesidad hacen que sea crucial comenzar las evaluaciones a partir de los 18 años mediante pruebas de sangre para detectar posibles problemas en el metabolismo de la glucosa, ya sea prediabetes o diabetes”.

Para aquellos cuyos resultados son normales, se recomienda repetir estas pruebas al menos cada tres años. Sin embargo, si ya se presentan problemas como prediabetes, niveles elevados de colesterol u otras condiciones metabólicas como el hígado graso, se aconseja realizar evaluaciones más frecuentes. Es esencial estar atentos a posibles síntomas, como pérdida de peso inexplicada, aumento excesivo en la frecuencia urinaria y sed excesiva.

La conciencia constante de estos síntomas y la disposición a realizar evaluaciones periódicas son pasos cruciales para mantener un control efectivo y prevenir complicaciones asociadas con la diabetes. 

Para el Dr. García Mateo, la enfermedad cardiovascular, ya sea un evento o una muerte cardiovascular, está vinculada a diversos factores en pacientes con diabetes. Estos factores incluyen “la dislipidemia, la hipertensión, la obesidad central, antecedentes familiares, historial de tabaquismo, etnicidad (como en el caso de los hispanos), estilos de vida sedentarios y una dieta deficiente”. 

El galeno agregó que es importante modificar estos estilos de vida, pero también es necesario contar con terapias probadas que reduzcan de manera concluyente estos eventos o la mortalidad en pacientes con diabetes, especialmente a nivel cardiovascular.

Entre las terapias efectivas, las estatinas son destacables. Estos medicamentos han sido objeto de numerosos ensayos clínicos que demuestran su eficacia en la prevención de eventos cardiovasculares. “Se recomienda su uso tanto en pacientes sin enfermedad cardiovascular pero con riesgo, como en aquellos con enfermedad cardiovascular establecida, lo que se conoce como prevención secundaria”. 

Esta recomendación es especialmente pertinente para aquellos que viven con diabetes después de los 40 años. Por tanto, es fundamental adoptar un enfoque integral que combine cambios en el estilo de vida con tratamientos farmacológicos respaldados por evidencia para abordar de manera efectiva la carga cardiovascular en pacientes con diabetes.

Mitos sobre los triglicéridos

En cuanto a los triglicéridos, es común encontrar mitos sobre suplementos y productos naturales que prometen reducir estos niveles. Es importante abordar estos mitos, ya que los suplementos no siempre ofrecen los beneficios esperados y pueden no ser efectivos en todos los casos. Antes de tomar decisiones sobre el manejo de los triglicéridos, es fundamental consultar con un profesional de la salud para recibir orientación personalizada y basada en evidencia.

En cuanto a la gestión de los triglicéridos, se ha demostrado que los omega-3, especialmente en forma de omega-3 purificados, “como los que se encuentran en ciertos medicamentos recetados, pueden ser eficaces para reducir los niveles de triglicéridos, especialmente cuando estos están por encima de 500”. Es fundamental destacar que no todos los suplementos de omega-3 en el mercado son iguales, y es crucial elegir aquellos que estén purificados y libres de impurezas.

“Específicamente, algunos suplementos de omega-3 de venta libre, que a menudo se comercializan con mezclas de omega-3, 6 y 9 y se promocionan para la salud cardiovascular, no están regulados por la FDA y carecen de estudios que respalden sus beneficios en la reducción de eventos cardiovasculares o triglicéridos”, dijo la doctora Hernández.

No obstante, los medicamentos recetados para el manejo de los triglicéridos, cuando son apropiados, son prescritos en dosis específicas y bajo la supervisión de un profesional de la salud. Dependiendo de la situación clínica del paciente, se pueden obtener beneficios significativos, pero siempre se deben seguir las indicaciones médicas y no se deben automedicar sin consultar a un profesional de la salud.

Las supuestas limitaciones del hipotiroidismo

Es fundamental aclarar el mito en torno a los pacientes que viven con hipotiroidismo. Contrario a la creencia común, tener hipotiroidismo no impide que una persona realice ejercicio ni le confiere una incapacidad para perder peso. De hecho, se recomienda que los pacientes con hipotiroidismo incorporen actividad física en sus vidas.

La doctora Hernández señaló que “la realización de ejercicio puede ser beneficiosa para controlar el peso y mejorar la salud general de las personas con hipotiroidismo”.

Aunque el hipotiroidismo puede afectar el metabolismo y hacer que sea un poco más desafiante perder peso, no es una barrera insuperable. Una combinación de un estilo de vida saludable, que incluya una dieta equilibrada y ejercicio regular, puede ser efectiva en la gestión del peso en estos pacientes.

“La idea de que los pacientes con hipotiroidismo no pueden hacer ejercicio o perder peso es un mito que debe ser desmitificado”. En esta línea, es importante que los pacientes trabajen en colaboración con sus médicos y profesionales de la salud para desarrollar un plan de tratamiento integral que incluya la gestión del hipotiroidismo, la adopción de un estilo de vida saludable y la incorporación de actividad física adecuada a sus capacidades y necesidades individuales.

La importancia del nutricionista

La doctora también destacó la importancia de la colaboración con nutricionistas y dietistas en el manejo de condiciones metabólicas, diabetes, problemas de colesterol y gestión del peso. Cada individuo tiene necesidades nutricionales únicas y específicas, y los planes de alimentación deben adaptarse a esas necesidades individuales.

“Enviar a los pacientes a un nutricionista es fundamental porque estos profesionales están capacitados para proporcionar una orientación personalizada en función de la salud y los objetivos específicos de cada persona. Los nutricionistas pueden ayudar a los pacientes a desarrollar estrategias alimenticias realistas y sostenibles, promoviendo cambios saludables en el estilo de vida”, dijo Hernández.

Además, reconocer que los endocrinólogos, aunque expertos en el manejo de condiciones metabólicas, no poseen el conocimiento específico en nutrición que tienen los nutricionistas, es una actitud clave. La colaboración interdisciplinaria entre profesionales de la salud, como endocrinólogos y nutricionistas, optimiza el cuidado del paciente y aborda de manera integral los aspectos médicos y nutricionales de las condiciones de salud.

Sobre la glucosa y la comida

Otro mito común es atribuir la glucosa alta por la mañana a comer tarde. La realidad es que la glucosa de los alimentos alcanza niveles normales aproximadamente dos horas después de su ingesta. 

Según la doctora, “si la glucosa matutina es elevada, debemos examinar el contenido de lo consumido, considerando tanto los carbohidratos como la grasa, y realizar ajustes necesarios”. Es importante recalcar que el profesional indicado para guiar nuestra alimentación es la nutricionista, no las redes sociales, vecinos ni amigos.

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